Have Mercy – ‘Numb’ (Rude 2023)

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Apenas un año después de que llegara a las tiendas “Have Mercy” ―generoso EP de siete temas― la banda de Baltimore, liderada por el cantante y guitarrista Brian Swindle, acaba de publicar “Numb”, su quinto álbum de estudio.

La aleación de rock alternativo y emo-pop, característica en Have Mercy desde su formación en 2011, sigue dominando las composiciones. En mi opinión, el resultado es desigual, no por la repetición de esquemas, sino por un exceso de medios tiempos -previsibles y no especialmente inspirados- que frenan la progresión del disco y hacen que, por momentos, su escucha resulte algo monótona.

“Big Surprise”, “I Can’t Stay”, “Friday” o “Sick Of It”, por ejemplo, formarían parte de este grupo. Son canciones correctas pero planas, sin gancho, cortadas todas ellas con el mismo patrón. Incluso “Floating”, el tema que cierra el disco, parece aburrirse de sí mismo… Solo “Hit the Ground” consigue romper el molde con el que parecen haber sido compuestas sus compañeras; con su bonita melodía y su ritmo galopante consigue huir de la apatía, destacando por encima del resto.

Para equilibrar la balanza, aunque de forma insuficiente, los temas más enérgicos son los que nos ofrecen la mejor versión de Have Mercy. La irresistible “Alive” ―elegida con acierto como primer single de “Numb”―, una descarga adrenalínica que podría haber sido firmada por los mismísimos Alter Bridge. El pegadizo estribillo de “Hey”, adornado con unos efectivos punteos de guitarra a lo The Edge (U2). “Middle”, ejecutada con soltura y convicción, me recuerda a los Goo Goo Dolls más desatados.

En esta tríada de temas, para mí los mejores del disco, late con mayor fuerza la personalidad del grupo, liberándose momentáneamente de las ataduras de su propio estilo, sonando frescos y convincentes, y convenciéndome de que no se trata de un disco rutinario; un setlist más equilibrado habría contribuido, sin duda, a mejorar el resultado final. No obstante, sí es cierto que “Numb” peca de estar demasiado anclado a fórmulas musicales de la pasada década, lo que provoca una sensación de excesiva familiaridad, un déjâ vu que lastra negativamente su valoración.

Por cierto, aun teniendo muy presentes las sabias palabras de Harry el Sucio (“Las opiniones son como los culos, todo el mundo tiene uno”), me permito la libertad de opinar sobre el artwork del disco: “muy mejorable”, por no decir otra cosa…

Es evidente que la música debe conquistarnos por los oídos, pero no lo es menos que la apariencia, la presentación de un álbum, puede marcar la diferencia entre despertar nuestra curiosidad o provocar indiferencia. Personalmente, veo esta portada en la estantería de una tienda de discos y paso de largo sin darle ninguna oportunidad.

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