“Born Innocent: The Redd Kross Story” de Andrew Reich (2023)

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Siempre he dicho que soy capaz de disfrutar de documentales o libros musicales me guste o no la banda o el artista sobre el que giren. Pero por fuerza uno no puede disfrutar de la misma manera cuando el protagonista es un grupo que le encanta que cuando es algo por lo que simplemente siente curiosidad. Y reconociendo que me gustan muchísimo Redd Kross, que diga que “Born Innocent: The Redd Kross Story” se ha convertido en uno de mis documentales musicales favoritos de todos los tiempos probablemente no tenga mucho valor.

Pero recuerden mis queridos lectores que disfrutar de la música es un acto tremendamente subjetivo. Igual que la crítica musical debe ser un ejercicio subjetivo porque, a fin de cuentas, se trata de dar tu opinión y la equidistancia o la asepsia parece poco adecuadas cuando tienes que transmitir los sentimientos que te provoca una canción.

No olvidemos tampoco que Redd Kross no es un grupo nada usual. Desde sus comienzos con un Steven McDonald de once años hasta su evolución musical, convirtiéndose en un ente de difícil clasificación y más difícil todavía comparación con bandas coetáneas. Y todo lo que les hace especiales se encuentra bien recogido en este filme, aunque también sea cierto que por algunos detalles más desagradables pase de puntillas (algo que de todas maneras no hace que se resienta el metraje). Y por si os pareciera poco, la presencia de multitud de músicos conocidos y de ex miembros del grupo atestigua que Redd Kross no son un grupo cualquiera.

“Born Innocent: The Redd Kross Story” nos ofrece lo que promete su título, nada más y nada menos. De principio a fin y contada de una manera que resulta muy entretenida (hay algunos momentos verdaderamente hilarantes). Y creo que lo importante es precisamente eso, saber contar una historia de una manera amena y que enganche al espectador. Y si bien en ocasiones se echa de menos cierta profundidad en este tipo de productos, creo que en este caso es una virtud y un encomiable ejercicio de síntesis (pensad que la duración ronda “solo” la hora y media).

Y ahora me van a perdonar pero creo que voy a volver a darle al “play”…

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