Ty Segall – ‘Three Bells’ (Drag City 2024)

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Reseñar un disco de Ty Segall siempre es un reto. Cuando afrontas la escucha de, por ejemplo, el nuevo disco de Danko Jones, ya conoces de antemano, con un 80% de probabilidades de acierto, lo que te espera, y no lo comento como algo negativo, al contrario, es una certeza fabulosa. En el caso de Ty Segall la incertidumbre es la tónica dominante.

El músico californiano, conocido por su arrolladora productividad (editó la friolera de tres discos tanto en 2012 como en 2018), siempre se ha caracterizado por su eclecticismo e imprevisibilidad, haciendo de cada nueva colección de canciones un viaje desconocido, insólito y, en ocasiones, también desconcertante. El experimento acústico de su anterior disco, “Hello, Hi” (2022), descolocó a muchos de sus seguidores, ávidos de sus habituales dosis de decibelios y distorsión. La primera pregunta, por tanto, es obvia: ¿qué nos depara “Three Bells”?

El disco, cuyo lanzamiento está previsto para el 26 de Enero de 2024, cuenta con la participación de su banda habitual, Freedom Band, así como la de su esposa Denée en cinco de los quince temas que lo integran —llama la atención que Ty Segall, tan apegado al “Do it yourself”, se haya rodeado esta vez de otros músicos para dar forma a su nueva obra—. La producción corre a cargo del propio Ty con la ayuda de Cooper Crain, con quien ya colaboró en “Harmonizer” y el ya citado “Hello, Hi”.

“Three Bells” no da continuidad a la faceta acústica del músico de Laguna Beach, aunque de su anterior disco hereda las canciones estructuralmente sencillas y de ritmo, en general, más reposado. Recupera para la ocasión su característico garage rock, pero ejecutado con mayor sutileza, liberado en parte de la suciedad y rudeza de anteriores discos. Ha optado por utilizar el bisturí en lugar de la motosierra.

El álbum arranca con “The Bell” que, disfrazada de pieza acústica, oculta una urgencia creciente que implosiona en su tramo final. Ya hacen acto de presencia las primeras guitarras saturadas.

Rítmica y fluctuante, “Void” es el primer single de “Three Bells”, además del tema de mayor duración —sólo a Ty Segall se le ocurriría presentar el disco con una canción de casi siete minutos, que además dista mucho de ser comercial—. Tiene espíritu acústico, pero su ejecución es enérgica y desprende cierto aroma psicodélico. Se suceden los cambios de ritmo en los que los punteos acústicos y la densidad eléctrica se relevan a la perfección. Gran trabajo de coros, que tendrán un papel muy relevante a lo largo de todo el disco.

“I Hear” y “Hi Dee Dee” comparten un colchón de guitarras estridentes y repetitivas que ceden el protagonismo a la sección rítmica, que se encarga de hacer avanzar los temas. Aun así, no pasan inadvertidos sendos solos: retorcido en “I Hear”, más hard rockero el de “Hi Dee Dee”.

La melodía adictiva de “My Best Friend”, con su furioso rasgado de guitarra, da paso a la delicada e introspectiva “Reflections”. Ritmo cadencioso y pulcros punteos enmarcados por unos coros, una vez más, precisos.

Denée Segall recita más que canta la letra de “Move”, dominada por unas guitarras expansivas y muy reverberadas.

“Eggman”, elegida como segundo single, es arrítmica, extraña. Una muestra más del “ojo” que tiene Ty Segall para elegir sus canciones de presentación. Un anti-single en toda regla; imagino que los directivos de su discográfica ya deben estar curados de espanto. Pero dicen que “Dios aprieta, pero no ahoga”, y si nos atenemos a que “The Room” es el último single de “Three Bells” hasta la fecha, debe ser cierto. Canción de una ortodoxia musical impecable; apta para todos los oídos y, con diferencia, la más comercial del disco. No faltan las guitarras chirriantes, pero se impone el equilibrio instrumental y la estructura del tema es más convencional. Ty haciendo un esfuerzo supremo de contención, mientras los capos de Drag City se secan el sudor de la frente.

La ligereza pseudo progresiva de “Watcher”, en la que Segall se divierte jugando con los canales estéreo, da paso a “Repetition”. Es una pieza breve en la que las voces, a modo de letanía, repiten obsesivamente el título de la canción, acompañadas de una base rítmica minimalista y unas guitarras hipnóticas y persistentes.

El uso de teclados, testimonial hasta este punto, subraya las reminiscencias psicodélicas de los dos siguientes temas: “To You” y “Wait”. La primera más alocada, marcada por una sucesión de abruptos cambios de ritmo, como si se tratara de varias canciones enlazadas en un mismo corte. La calma inicial de “Wait” es ilusoria, ya que rápidamente adquiere densidad y saturación. Manteniendo el tono de medio tiempo abrasivo, Ty Segall nos ofrece el solo de guitarra más recargado de todo el disco. Muy garagero.

En “Denée” los teclados son los grandes protagonistas, secundados por un exuberante trabajo de batería —se nota el amor incondicional de Segall por este instrumento, con el que se introdujo en la música, y que incluso utiliza en la composición de sus canciones—. Tema instrumental aderezado con unos coros angelicales. Barroca e hipnótica.

“What Can We Do” cierra el disco de forma reposada, rememorando la aventura acústica de “Hello, hi”. Pieza sencilla que completa el mosaico sonoro que nos ofrece “Three Bells” porque, aunque no no lo parezca en una primera escucha, el disco tiene cohesión; eso sí, la cohesión algo disfuncional de un tipo como Ty Segall.

En resumen, algo más de una hora de música de un artista reconocible y menos imprevisible que de costumbre.

PD: Ya se ha confirmado la presencia de Ty Segall en el Azkena Rock Festival del próximo año. Será una excelente oportunidad para comprobar cómo se desenvuelven sobre un escenario sus nuevos temas.

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