‘Pistol’ de Danny Boyle (2022)

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Me gustan mucho los Sex Pistols. Y como realmente me gustan, desde luego que no puedo ser objetivo con esta reseña. FX y Disney acaban de estrenar un biopic que lleva un par de años coleando con Danny Boyle (Trainspotting, La Playa, 28 días después) a los mandos, que sin duda -como el que firma- es fan de la banda. Manda huevos, como diría Federico, que sea la Disney la que pone la pasta para esto, pero lo cierto es que sin ese torrente de dinero esto no podría haberse materializado.

Muchos de los que ya peinamos canas hemos pasado media vida asombrados por el artefacto sonoro que parieron estos caballeros: Johnny Rotten, Steve Jones, Glen Matlock, Paul Cook y Sid Vicious; no vamos a entrar en debates bizantinos sobre si vinieron antes los Sonics, los Death, Stooges, los Ramones o la madre que los parió, pero lo cierto es que fue esta banda la que puso la palabra punk en el imaginario colectivo; al fin y al cabo fueron los que dieron el puñetazo sobre la mesa y lo convirtieron en parte de la cultura pop… manda huevos (de nuevo). Malcolm McLaren y sus Sex Pistols en la tienda SEX de Vivienne Westwood en King’s Road cambiaron el mundo en cierto modo. La serie en realidad no hace sino poner en imágenes todo esto. De hecho verse en una serie probablemente le haría mucha gracia al difunto Malcolm, que una vez más es retratado como el malvado de la historia, pero es que hay que quererle -supongo que el tiempo le ha blanqueado mucho y su figura ha acabado siendo comprendida-.

«Se estaría riendo de nosotros aquí, con Disney», dijo Danny Boyle a su público sobre la visión de McLaren de la música y la banda el día del estreno. McLaren como creador de caos es un personaje difícil de amar y fácil de odiar. Por eso quizás se echa un poco de menos algo de contexto sobre la persona y el personaje que fue representante de los New York Dolls y probablemente responsable de cargárselos, como también podría ser señalado del caos posterior con los Sex Pistols.

PISTOL es una serie que podría plantearse como un disco conceptual, una historia por entregas basada fielmente en la autobiografía de Steve Jones «Lonely Boy» sobre su época con y sin los Sex Pistols. A lo largo de la narración nos ofrece una visión poco complaciente consigo mismo sobre sus años mozos, evidentemente centrándose en los años Pistols, en los que «Cutie Jones» y su relación con Chrissie Hynde ejercen de eje central de la historia que se cuenta -por cierto historia de amor que no ha sido del todo refrendada por la otra protagonista-. Para los estudiosos del punk, la serie se queda algo corta porque no llega a verse gran cosa de lo que sería la escena efervescente de la época, pero una temporada da para lo que da y no puedo ponerme quisquilloso: menos es más y me conformo con identificar a Polly, oír hablar de algún miembro de los Clash y ver a The Bromley Contingent rondando por ahí.

Toby Wallace, en el papel de Jones, ofrece una representación cercana al Jones que siempre adivinamos cuando veíamos vídeos de la banda; Sydney Chandler como Hynde es cautivadora y sensual en cada movimiento, quizás menos cercana a la verdadera Hynde, pero desde luego resulta hipnótica. Y es que en general el casting de la serie es impresionante. Tardé un buen rato a identificar Maisie Williams como la difunta Pamela ‘Jordan’ Rooke. La pareja de poder en el centro del punk, McLaren y Westwood, está maravillosamente representada por Thomas Brodie-Sangster (La última legión, El corredor del laberinto, Gambito de dama…) y Talulah Riley (Westworld y además es la ex parienta de Elon Musk) respectivamente. Johnny Rotten es caso aparte: Anson Boon puede haber creado uno de los personajes más histriónicos de la televisión, siendo en un inicios cansino pero que con el paso del metraje se va comiendo al personaje de Jones, supongo que como en la vida real; incluso Louis Partridge está bien en el papel de Sid Vicious que a pesar de lo poco con lo que puede trabajar al final acaba siendo reconocible a pesar de su sobreactuación.

Lydon Rotten, lleva meses protestando sobre el proyecto y es que Boyle ha parido un producto bastante blanco, que no es para toda la familia pero sí está pensado para que guste a cualquier fan de la música y el género en particular. Un entendido verá una historia bienintencionada y alguien no tan puesto tiene unas horas de diversión asegurada. Insisto, es una serie blanca y como tal hay que verla: es agradable, informativa y tendente a la comedia. En ocasiones peca de simplista: contaba Jones que ensayaba hasta que le sangraban las manos y sin embargo en su autobiografía y en la serie optan por la anécdota en la que aprende a tocar un riff pasado de anfetaminas (un riff no es tocar la guitarra, amigues). Hay partes en las que recuerda al biopic de Runaways, por ejemplo donde improvisaban un Cherry bomb en una secuencia tonta.

Dicho esto queda claro que la serie tiene muchos problemas, pero me ha encantado verla: me ha encantado odiar como siembre a McLaren, me ha encantado mantener mi división de opiniones con Johnny Rotten, me ha encantado un Matlock pijales y un Cook entrañable, me encanta sentir a Jones como uno de los míos y a Vicious como al punk del casco viejo que al final siempre cansaba al personal con sus mierdas. En realidad por eso me ha gustado, porque la serie en general me ha transmitido lo que siempre me ha transmitido la propia banda, por poco ajustada que pueda estar la historia real con la serie («mes igual que me chilléis»).

La pasión de Boyle por el proyecto también es evidente en todo momento, ofreciendo tanta destreza cinematográfica como nunca se ha visto en las plataformas de streaming para un proyecto de biopic musical. Boyle, insisto por enésima vez, nos ha retratado a sus Sex Pistols, lo que probablemente vivió, dado que es de la quinta de los asesinos de McLaren.

Muy buen producto.

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