‘Drive My Car’ de Ryûsuke Hamaguchi

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Drive my car

RYÛSUKE HAMAGUCHI (Bitters End, C&I Entertainment, Culture Entertainment, Asahi Shimbun)

Aún sin apagar los cálidos rescoldos de su última película estrenada el verano pasado, «La ruleta de la fortuna y la fantasía», el director japonés presenta nuevo drama, «Drive my car», trama que se inspira en una de las historias que aparecen en «Hombres sin mujeres» de Harumi Murakami, precisamente en la que le da título y que se muestra en una adaptación libre.

Una historia sencilla contada de forma lineal en dos partes diferenciadas. La primera presenta en un tono sosegado y poético la relación de un director de teatro con su mujer en un vínculo emocional que veladamente introduce un drama pasado no contado aún, pero que induce al espectador a explicarse las causas de tan peculiar relación. Un trascendente e inesperado acontecimiento conduce a la segunda parte, situada dos años después en la que aparece la protagonista femenina, una joven conductora profesional que se encarga de llevar los ensayos al director que decide encargarse de dirigir «Tío Vania» de Anton Chéjov.

Como tercer protagonista un viejo Saab de color rojo, vehículo en cuyo interior el maduro director y la joven conductora, tras un muro de silencio inicial, irán descubriendo que les une algo más que una rutina profesional. En el coche ambos personajes profundizan lentamente, entre sutiles desencuentros y silencios en un viaje interior en el que, sin estridencias, exorcizan diferentes traumas pasados. En el interior del mismo ambos personajes evolucionan mientas huyen hacia adelante entre misterios que, poco a poco, van saliendo a la luz y con los que atar cabos con la primera parte de la película.

Es además un homenaje al teatro como lenguaje expresivo compatible con el cine en el que igual que los protagonistas de la película se descubren mutuamente, ambas artes se reconocen y relacionan a través de la mirada del espectador. A lo largo del metraje se pueden apreciar además los rasgos característicos de la literatura de Murakami -cierto ambiente mágico o de ensueño, personajes que se van perfilando con pausa, espacios y tiempos que no parecen avanzar…- que adapta con facilidad a la mirada cinematográfica del prolífico director de esta ‘road movie’ urbana y rural.

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