Big Thief – ‘Dragon New Warm Mountain I Believe in You’ (4AD 2022)

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El cuarto disco de los de Brooklyn lo forman veinte canciones y ochenta minutos de duración no aptos para público de instantáneo consumo sonoro. Grabado en cuatro antagónicas localizaciones del norte de América. Desde Nueva York a California pasando por las Montañas Rocosas de Arizona y Colorado en diferentes estudios de grabación en cuanto a medios técnicos… de los más modernos a los más caseros.

Es por ello que se podría hablar de tres distintas direcciones que funcionan como tres discos individuales, pero… que consiguen mantener la unidad como conjunto y es ahí donde este disco se hace importante, pues logran despligar un riquísimo muestrario musical en el que caben varios estilos que se complementan sin estridencia: country y folk en su versión luminosa -«Red moon» o «Spud infinity», animosa fiesta en la que no falta un luminoso violín ni un saltarín didyeridú, una de las canciones más estimulantes del disco… pero también los sonidos de raíz en su versión íntima «Dried Roses» o «12000 Lines».

Tanto unas como otras suenan contemporáneas en arreglos cercanos al trip hop, dream pop, lo-fi o pop de guitarras entre ritmos constantes con percusiones sintetizadas con las que inquietan e hipnotizan. Muestran además delicadas visiones escapistas y oscuras -«Flower of Blood» o «Blurred View»-, más la estimulante y ruidista vía intermedia experimental de «Time Escaping», «Wake Me Up to Drive» o «Love, Love Love»… y como no la emoción íntima de «Change», «Sparrow», «Promise Is Pendulum» y la canción que titula el disco… además de «Certainly», donde la voz de fondo de Buck Meekm parece sostener la característica voz de Adrianne Lenker que, aparenta estar siempre al borde de la fractura.

Para el final «Little Things», una locura en la que las melodías encajan entre disonancias varias y minimalismo sincopado que te lleva y te trae en bucle hasta goce extremo. Un disco que consigue hacer de su extensión una virtud, para escuchar con calma del tirón y recrearse… perderse y encontrarse en sus matices o para escuchar por canciones, funciona de ambas maneras.

Disco arriesgado en el que los arreglos, más que como ornamento, funcionan como parte estructural de la canción, con lo que consiguen situarse en ángulos creativos de difícil encuadre que resuelven de manera sobresaliente y con el que se ponen a ellos y al resto, el listón muy alto. Es ya un clásico.

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