Aduanas: ¿otra amenaza para el mercado del vinilo?

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Desde diferentes medios, incluyendo algunos generalistas, se viene contando en los últimos tiempos la «tormenta perfecta» a la que se enfrenta el mercado de los discos de vinilo. El asunto se puede resumir en escasez de materias, pocas plantas de prensaje y listas de espera para la fabricación y retrasos en las entregas de los pedidos de varios meses en el mejor de los casos (eso si no te llamas Adele, claro).

Así que no voy a entrar más en ello porque probablemente repita lo que muchos han dicho antes (y mejor probablemente) que yo. Sin embargo hay un asunto que creo que ha sido obviado por la gran mayoría de autores que han escrito sobre el tema, y es que desde el pasado mes de julio todo el comercio electrónico está sujeto al pago de tasas por importación, independientemente del importe del artículo o artículos.

Esto, que a los que seáis ávidos compradores de artículos de entretenimiento por internet no os pillará de sorpresa ya (que levante la mano quien no se haya visto obligado a pagar IVA desde el último verano por algún artículo adquirido fuera del territorio de la UE), parece como digo que ha sido pasado por alto por mucha gente, pero puede contribuir a herir de muerte a un mercado que en los últimos tiempos ya se estaba saliendo de madre sin necesidad de ningún impuesto.

¿Por qué digo esto? Pues porque parece obvio que muchos de los que comprábamos a grupos o a pequeñas discográficas del otro lado del charco, vía Bandcamp o lo que fuere, vamos a dejar de hacerlo después de haber visto como para poder llegar a nuestras manos, los precios se acaban incrementando un veintipico por ciento (el IVA representa un 21%, pero de facto se acaba de pagando más por no sé muy bien qué concepto). Hay que tener en cuenta también que si toda la vida se había pagado por el importe declarado del objeto, ahora vamos a pagar por ese importe más los gastos de envío, con lo que comprar, y aquí voy a poner un caso real, un nuevo single de The Black Halos pasa de unos 20 euros al cambio en preventa antes de que entrara en vigor la normativa, a los cerca de 30 que me tocó pagar cuando varios meses después el disco, ya con la normativa en vigor, llegó a mi oficina de Correos.

Y eso con suerte, porque en otro caso tuve que pagar dos veces el IVA, una por adelantado en la plataforma y otra cuando el disco llegó a España, simplemente porque parece ser que a alguien se le había olvidado notificarlo y pagar esa cantidad por mí. Acabé recuperando el dinero, pero misteriosamente la cantidad que pagué inicialmente era menor que la que me cobraron en Correos. Y dejaremos para otra ocasión el estúpido trabajador de la empresa estatal que me atendió en aquella ocasión porque, afortunadamente, también hay gente estupenda trabajando en Correos.

Como digo, yo personalmente ya he decidido que no voy a comprar nada fuera de territorio comunitario. Y aunque puede que no parezca gran cosa, eso significa que no voy a volver a comprar más singles de The Black Halos o que me voy a tener que aguantar y cruzar los dedos para que se distribuya en Europa el nuevo disco de The Hangmen cuando toque.

Podríamos hablar también del precio que están alcanzando muchas de las ediciones norteamericanas de la actualidad, pero quizá sea mejor dejarlo para otro momento.

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