Running Wild – ‘Blood on Blood’ (Steamhammer/SPV 2021)

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La adolescencia es un periodo intenso a la vez que, en muchas ocasiones, un tanto complicado. Hormonas detonadas, exaltación de la amistad y exaltación de la enemistad, idealización de los fugaces enamoramientos e idealización de su más fugaz olvido, maniqueísmo exacerbado, simplificación de la realidad a estados monocolor sin escalas de grises, extremismos varios e idolatrías igualmente extremas.

Pero, gracias a dios o al diablo, como todo se ha de acabar, ese periodo, entrañable y añorado las más de las veces a vista de maduro observador, también se termina. Y todos –salvo algunos- hacemos en ese punto la pertinente revisión; y todos –salvo algunos- filtramos experiencias y formas de obrar, pensar y sentir; y de la misma manera todos –salvo algunos- dejamos de lado las que no pasan el filtro y readaptamos las que sí lo hacen. Es nuestro particular rito occidental de entrada en la edad adulta –una vez desterrado aquello del paso del pantalón o falda cortos al largo y la pertinente visita, en el caso del varón, a la sórdida casa de lenocinio-. Mejor o peor ejecutado, mejor o peor conseguido, pero tan necesario como
perentorio –salvo para algunos-.

Si esta idea plasmada en un «verborréico discursejo» no exento de su dosis de nostalgia la aplicamos al entorno musical, la criba es parecida: para todos –salvo algunos- existen ciertos elementos y objetos de adoración que con los años no pasan el corte (que ponga aquí el lector, si lo hubiese, sus propias propuestas).

Running Wild y sus recurrentes historias, melodías e imaginería de piratas podrían ser a priori uno de esos ejemplos de descarte en muchos de los casos, pero, probablemente, sería una catalogación inmerecida, porque Rolf Kasparek, columna principal y único bucanero artífice de los actuales Running Wild, hace esfuerzos para que sus discos salven, aunque sea por la mínima, el «corta y pega» extraído de anteriores trabajos. Es este sentido, el alemán se decanta en buena medida por las partes más «hard» de su catálogo de registros, lo que es de agradecer para no perecer de hiperglucemia debido al alto contenido de melodías filibusteras.

Obviamente, la época dorada del grupo, plasmada en trabajos como «Port Royal», «Death and Glory» y «Blazon Stone» (a partir del que comenzó el autoplagio y la repetición de estructuras y melodías corsarias) se basó en el tema estrella que inició el largo «Under Jolly Roger» y que les hizo pasar de grupo cuasi underground de speed metal alemán a estrellas internacionales paso a paso.

Siendo así, desconociendo otras posibles actividades lucrativas de Kasparek, y dando por hecho que «hay que comer», Running Wild no se pueden permitir el lujo de no ser «los piratas del metal». Al igual que Iron Maiden no pueden dejar de ser Iron Maiden, Running Wild no pueden dejar de ser Running Wild. No obstante, como he dicho anteriormente, es de agradecer que buena parte de su propuesta actual se base en composiciones de corte más hard rock, que siempre estuvieron ahí, pero que se hacen ahora más patentes («Say Your Prayers», «Wings of Fire», “Wild and Free» o «Wild Wild Nights»).

Pero que no desesperen los más fieles acérrimos del género corsario, porque el componente principal de su trabajo sigue bien presente para alegrar las aciagas noches de trabajo al más aburrido y somnoliento de los currelas nocturnos.

Que dios, o el diablo, den larga vida a los filibusteros, corsarios, piratas, bucaneros e incluso ahora, mosqueteros («…one for all and all for one…») de Runnig Wild, porque a algunos «cincuentañeros», y a pesar de los pesares, nos transportan nostálgicamente a nuestra idealizada adolescencia ochentera.

Ego dixit.

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