‘Un documental al grupo equivocado’ de Miguel Velilla (2018)

Me parece una gran idea la que tuvo el director Miguel Velilla cuando se le ocurrió rodar «Un documental al grupo equivocado»: seguir las evoluciones de una banda underground (o de culto, como se prefiera) durante varios años para acabar montando un filme que muestra cómo es la dinámica de un grupo modesto como Will Spector y los Fatus.

Y aquí nos da igual el género, la escena o el tipo de público al que vaya dirigida la música: lo que vemos en esta película es lo mismo por lo que pasan la inmensa mayoría de bandas, como los bailes de miembros o los dueños de salas que hacen lo imposible por no pagar a los músicos. En eso la historia de Will Spector y Los Fatus no es nada original -por desgracia-, pero creo que el verdadero valor de este documental está en precisamente enseñar esas cosas que les ocurren a tantos grupos y que muchas veces ni los propios aficionados a la música saben que ocurren.

Por el camino conocemos las aspiraciones y los anhelos de un grupo de amigos que son conscientes del terreno que pisan, pero que se ilusionan con lo que puede llegar a ser tras el lanzamiento de su nuevo trabajo.

Lo dicho, consideraciones estrictamente musicales aparte, tal vez Will Spector y los fatus no sean una banda única, pero «Un documental al grupo equivocado» tal vez sí lo sea al retratar la trastienda del «negocio» musical a pequeña escala en nuestro país.

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