Paul Gilbert – ‘Werewolves of Portland’ (The Players Club 2021)

En poco más de una semana, el 4 de junio próximo, la etiqueta The Players Club del sello Mascot Label Group enfocada a los discos de genios de la guitarra, pondrá en circulación «Werewolves of Portland», el décimo sexto trabajo de estudio a cargo de Paul Gilbert.

Se trata de otra de esas obras hijas del confinamiento en la que Gilbert interpreta prácticamente todos los instrumentos. Y aunque estamos ante un álbum instrumental, el virtuoso de las seis cuerdas ha utilizado aquí un enfoque similar en la composición que en su anterior «Behold Electric Guitar», para el que primero compuso las melodías vocales a partir de unas breves letras y luego pasó a reinterpretarlas a la guitarra (de ahí que en el libreto se hayan incluido esas letras).

A estas alturas supongo que un par de los términos del párrafo inmediatamente anterior han hecho saltar las alarmas de más de un lector. Me refiero a «álbum instrumental» y «virtuoso». Soy consciente de que hay muchos melómanos que huyen como de la peste de este tipo de discos; yo normalmente no noy tampoco especialmente fan de ellos, pero Paul Gilbert es un tipo que me cae bien y cada nueva obra suya que cae en mis manos procuro escucharla despojado de cualquier tipo de prejuicio.

Obviamente en estas diez nuevas canciones encontramos lo que sospechamos: un disco de guitarrista, ni más ni menos. El caso es que dentro de ese pecado original con el que parecen cargar los guitarristas de este estilo simplemente por serlo, Gilbert es un músico que tiene que ofrecer algo más que la media. Sin duda es un instrumentista dotado de una gran técnica, pero en sus composiciones busca más la melodía que el exhibicionismo corremástiles. Algo que, dicho sea de paso, consigue dejar claro en unas canciones en las que hay momentos en los que la guitarra parece que efectivamente cante.

Por lo demás, estamos ante un disco variado en el que Gilbert es capaz de ofrecer un muestrario bien nutrido de sonidos que enriquecen el resultado final. No diré que «Werewolves of Portland» vaya a ser uno de mis discos del año, pero sí que dejaré claro que bien merece tenerlo en cuenta.

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