Steve Cropper – ‘Fire It Up’ (Provogue 2021)

El pasado 23 de agosto el sello especializado Provogue lanzaba «Fire It Up», el «primer» álbum que el mítico Steve Cropper ha lanzado bajo su propio nombre desde 1969 (aunque a principios de los 80 enlazase «Playin’ My Thang» y «Night After Night», es el propio músico el que se ha referido en esos términos sobre su nuevo trabajo: «No me he escuchado a mí mismo de esta manera desde los 60», ha declarado).

Con una carrera que se ha desarrollado en siete décadas distintas y casi 80 años de edad, participación como intérprete, compositor o productor en multitud de obras históricas dentro del soul y del rock y asociado indisolublemente a nombres como el sello Stax, Booker T. & the M.G.’s, Otis Redding, Wilson Pickett, John Lennon, Ringo Starr o The Blues Brothers entre muchos otros, parece sensato pensar que Cropper no tenía nada que demostrar a estas alturas. El guitarrista sin embargo aprovechó el confinamiento como muchos otros músicos para redondear una serie de sonidos que, según reconoce, llevaban rondando por su cabeza «durante años».

Él mismo ha producido junto a Jon Tiven un álbum compuesto por trece cortes donde simplemente ha plasmado lo que sabe hacer. Rodeado por un puñado de buenos músicos que le arropan y que están encabezados por el vocalista Roger C. Reale («Esto no es la Batalla de las bandas. Es mejor realzar al otro, hacer que brille», asegura), por estas grabaciones pasan también Felix Cavaliere (The Rascals) a los teclados en un par de canciones o los baterías Anton Fig y Simon Kirke entre otros músicos.

«Fire It Up» se convierte así en algo menos de cuarenta minutos de R&B y soul que nos traen de vuelta el genio de Cropper en todo su esplendor: como intérprete, como productor y como compositor. Y como él mismo comenta, es un esfuerzo de equipo ya que los mencionados Tiven, Reale y Cavaliere acompañan en las labores de composición al guitarrista durante todo el disco. Incluso Paul Rodgers figura en los créditos como co-escritor de «She’s So Fine».

El resultado es un disco muy disfrutable al que apenas se le pueden sacar defectos y que, si fuera la última entrega discográfica del protagonista dada su edad -dios no lo quiera-, representaría un estupendo testamento en forma de disco.

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