Rumores, rumores…

Creo que puede decirse que mi vida está rodeada de música todas las horas de vigilia. Y me imagino también que habrá gente que encuentre mi vida algo anodina y que me vea a mí o a la gente como yo como personas con poco que aportar. Desde la perspectiva de la sociedad «normal», lo mío no es más que un comportamiento anómalo que debería haber desaparecido hace algún que otro lustro. Y no sé si eso significa que hace tiempo que dejé atrás una vida convencional o que está me dejó atrás a mí, pero lo que tengo claro es que este divorcio de la realidad me mantiene bastante impermeable a cosas que el resto de mortales fuera de mi burbuja tienen que soportar. No digo que mi vida sea mejor que la de nadie, pero sí que estoy convencido de que es bastante diferente a la de muchos.

No sé si tiene algo que ver con esto, pero tengo que reconocer también que conforme me hago mayor, en lugar de ampliar mis temas de conversación, estos se van reduciendo. Con escasos intereses aparte de la música, últimamente resulta difícil escucharme hablar de algo que no sean reediciones en formato LP, subastas de discos, ofertas de vinilos o comentarios sobre mi discoteca. Supongo que soy esa clase de persona sobre la que se hacen memes que luego cuelgan en el perfil de Instagram de Discogs.

Recientemente alguien en un grupo de una conocida aplicación de mensajería nos decía a mí y a otro amigo que debíamos de tener mucho dinero a juzgar por la cantidad de LPs que comentábamos que estábamos comprando, íbamos a comprar o habíamos adquirido recientemente. Me tiré años escuchando a mis padres decir cosas como «¿Para qué quieres tantos discos? ¿Ya los escuchas?», así que la simple mención a las finanzas o al aprovechamiento que puedo hacer de mis compras musicales compulsivas me afectan bastante poco. Me limité a responder: «Es una inversión».

No esperaba yo que después de semejante revelación alguien hiciese ninguna observación de enjundia; sin embargo la misma persona me replicó. Según él, invertir en vinilo no era una buena idea, ya que es una tecnología que sobrevive gracias a los nostálgicos y que en unos años los consumidores del formato desapareceremos; no podemos pretender por tanto que generaciones que solo han conocido las ediciones físicas por familiares mayores o en alguna visita a la FNAC y, lo que es más grave, que no saben lo que es pagar por artículos culturales, vayan a recomprarnos el arsenal que estamos acumulando como quien compraba latas de conservas para la despensa de un bunker durante la Guerra Fría. Además, añadía esta persona, el rock está en franca decadencia al menos en cuanto a repercusión popular, por lo que el interés que pueda despertar mi colección por ejemplo puede ser escaso o nulo.

En este contexto, he leído que durante el año 2020, el disco más vendido en formato vinilo en el Reino Unido ha sido el archiconocido «Rumours» de Fleetwood Mac. Concretamente la reedición por su 35 aniversario, que se cumplió en el año 2012 («Rumours» fue editado originalmente en 1977).

Que un disco que tiene aproximadamente la misma edad que yo sea el LP más vendido en 2020 me parece algo lamentable. Y bien es cierto que tal vez los datos de ventas de los formatos físicos durante el año pasado, en el que se aplazaron gran parte de los lanzamientos previstos, deban de ser cogidos con pinzas, pero da que pensar. No sé si dentro de algunos años la venta de mi colección, que para entonces ya ocupará toda mi casa y me obligará a dormir en el felpudo de la puerta, servirá para pagar la universidad de mis sobrinos, pero empiezo a pensar que lo que me dijo esa persona era totalmente acertado.

Puta mierda…

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