«Acosador Nocturno» (Netflix): Cómo el caso de Richard Ramirez perjudicó a AC/DC

El pasado 13 de enero Netflix estrenó la miniserie de cuatro capítulos «Acosador nocturno: a la caza de un asesino en serie», que trata sobre la investigación policial que se llevó a cabo para detener a Richard Ramírez, acusado de cometer hasta dieciséis asesinatos a mediados de los años ochenta en el condado de Los Ángeles.

Dirigida por Tiller Russell, la historia es contada desde el punto de vista de los investigadores Gil Carrillo y Frank Salerno, y también se incluyen los testimonios de algunos supervivientes. Ramírez no hacía distinciones entre sus víctimas ni tenía un perfil determinado para elegirlas, sus objetivos fueron tanto hombres como mujeres, y la franja de edad iba desde menores de edad hasta ancianos.

La serie no se centra en los motivos que llevan a una persona a convertirse en una fría y calculadora máquina de matar, solo se centra en los sucesos, la investigación y el juicio posterior.

De la misma manera, no es el objetivo de este artículo hacer un estudio de antropología del personaje, y mucho menos ahondar en aspectos macabros. Solo nos vamos a centrar en un aspecto de la historia, que es la conexión que tuvo el caso con la banda de rock AC/DC a raíz de la aparición de una gorra del grupo en la casa de una víctima, y cómo algunos medios de comunicación aprovecharon la ocasión para cargar contra el grupo y por extensión contra el género musical del hard rock/heavy metal.

El 17 de marzo de 1985 se encontró una gorra con el logo de la banda en una escena del crimen en la localidad de Rosemead, y la policía de Los Angeles, que ya llevaba tiempo investigando sin éxito este caso, difundió la fotografía con el objetivo de conseguir alguna pista sobre la autoría de los crímenes. Pero no consiguieron nada excepto mala prensa para la banda, que estaba a punto de publicar el disco «Fly on the wall» y realizar la subsiguiente gira.

El 31 de agosto de ese mismo año, tres días antes de arrancar la gira de AC/DC, Ramírez fue finalmente arrestado gracias al testimonio de una mujer atacada. Previamente su coche fue identificado por la matrícula gracias a un vecino de la víctima y su retrato fue ampliamente difundido por la ciudad, hasta que fue detenido por acción vecinal y casi linchado en un barrio del este de Los Ángeles donde Ramírez había intentado robar un coche.

Ray García, que creció con Ramírez en su localidad natal de El Paso (Texas), declararía después que este era un gran admirador de la banda, y que estaba obsesionado con algunas de las canciones del grupo incluídas en su disco «Highway to hell» (Atlantic Records, 1979), como «Night Prowler». A Ramírez se le conocería por «Night stalker» (acosador nocturno), debido a que le dijo a una de sus víctimas (que sobreviviría para contarlo): «diles que el acosador nocturno estuvo aquí«. Ramírez fue conocido por dibujar el pentagrama satánico en los hogares de sus víctimas e incluso llegó a marcárselo en la palma de su mano, como se mostró en diversas imágenes durante su juicio. Muy pronto estas declaraciones aparecerían en algunos periódicos de la época y numerosos artículos fueron elaborados realizando asociaciones entre los asesinatos y supuestos mensajes incluídos en las letras de la banda. También se llegó a publicar que el nombre de la banda significaba «Anti-Christ/Devil’s Child», lo que la banda negó.

Toda esta polémica fue avivada debido a que en septiembre de 1985, un comité creado por esposas de senadores y congresistas de Estados Unidos llamado «Parental Music Resource Center» (P.M.R.C.), comenzó a tomar declaración en el Congreso a músicos y líderes de bandas debido a la mala influencia que cierta música estaba teniendo en los adolescentes norteamericanos. Llegaron a elaborar una lista con quince canciones marcadas como «mala influencia» que incluían temas de Twisted Sister, W.A.S.P., Mötley Crüe o AC/DC, pero también de Prince, Cyndi Lauper o Madonna.

Esta controversia animó a grupos religiosos a iniciar un boicot a determinados grupos musicales con respecto a la publicación de sus discos y conciertos, de la que no se libraron los mismos AC/DC, que vieron durante el transcurso de su gira «Fly on the wall» cómo algunos conciertos eran cancelados debido a la presión de estos grupos y algunos hoteles reservados se negaban a alojarlos. También hubo presiones para que su música no fuera radiada y los discos desaparecieran de las estanterías de las tiendas de discos.

«En realidad el nombre de la banda lo sacamos de la parte trasera de la máquina de coser de mi hermana, y no significa otra cosa que corriente alterna, corriente continua«, declararían los hermanos Young. Sobre el tema «Night prowler», Malcolm Young afirmó: «Esa canción no se llama ‘Night Stalker’. Se llama ‘Night Prowler’ y trata sobre las cosas que solías hacer cuando eras niño, como entrar a hurtadillas en el dormitorio de una novia cuando sus padres dormían«.

Hubo más casos de músicos llevados a juicio por el contenido de sus letras durante ese mismo período, probablemente influenciado por los sucesos del momento. En noviembre de 1985, se presentó una demanda contra Ozzy Osbourne y la compañia de discos CBS como instigadores del suicidio del joven John McCollum a través de las letras del tema «Suicide Solution», incluído en su disco «Blizzard of Ozz» de 1980. Fue desestimada. También hubo otro caso con la banda Judas Priest, después de que un par de adolescentes cometieran suicidio y la familia a través de sus abogados interpusiera otra demanda contra el grupo y la misma compañia CBS, alegando que los temas «Exciter» y «Better by you, better than me» de su disco «Stained Class» de 1978 habían impulsado a los jóvenes a realizar los hechos. También fue desestimada, con la conclusión de que cualquier mensaje subliminal en un disco, en el caso de que existiese, no era responsable de la muerte de otras personas.

Suele ser habitual que cuando ocurre algún acontecimiento tan horrible como los descritos en este documental se busquen causas y motivos, alguna explicación que pueda esclarecer el porqué del suceso más allá de la responsabilidad del autor. Pero resulta bastante dudoso señalar películas, discos, libros o cualquier otro elemento externo como instigadores de una tragedia en vez de analizar causas personales, experiencias traumáticas o circunstancias dramáticas que hacen que una persona pase de ser un individuo normal a ser un psicópata sanguinario que disfruta con el sufrimiento ajeno. Si uno investiga un poco en los sucesos que marcaron los primeros años de vida de Richard Ramírez se encuentra con hechos terribles. Quizás habría que buscar ahí las explicaciones, y no en las canciones de un disco.

 

 

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