«Igual pero diferente»: luces y sombras del retorno de Rockdelux de la mano de Primavera Sound

Jamás me he alegrado del cierre de cabeceras musicales, por muy opuestos que fueran sus planteamientos a los nuestros o por muy distinta que fuese su línea editorial. Creo que cada vez que muere un medio musical, por muy underground que este sea, también desaparece una parte importante de la escena, lo que significa también un nuevo paso hacia una uniformidad cultural que deberíamos combatir hasta la extenuación.

Por todo ello no me alegré cuando a comienzos del pasado mayo Rockdelux anunció su último número impreso, a pesar de que el último número que yo había hojeado bien pudo ser todavía en el Siglo XX. Y por todo ello también debería alegrarme de que Primavera Sound haya anunciado su apuesta por la cabecera, aunque sea estrictamente en el plano digital, pero permítanme que no vea las cosas del todo claras. Y de verdad que deseo que las cosas funcionen, porque si triunfa su modelo podría ser la plantilla para que otros medios musicales digitales puedan subsistir de una manera digna. Pero veo obstáculos casi insalvables en ese camino.

Hay que tener en cuenta que la red es un medio perverso: lo que se nos vendió como democratización de la información (y por extensión de la cultura) ha acabado derivando en un modelo en el que los contenidos informativos -bueno, y de casi cualquier tipo… ¿alguien dijo porno?- están disponibles de manera gratuita, abocando a los medios -grandes y chicos, aquí no se salva nadie- a ganarse las habichuelas gracias a banners publicitarios que estoy convencido de que el usuario medio ha acabado por ignorar hasta el punto de que probablemente ya ni se percata de su existencia, por lo que su utilidad y sobre todo su rendimiento económico resulta insuficiente; o bien a «colársela» a sus lectores a base de artículos en los que, bajo la apariencia de un contenido de orientación sobre determinado tipo de producto, lo que en realidad se está haciendo es generar ganancias gracias a los clicks en los enlaces a diversas tiendas virtuales que hay repartidos por el texto. Y lamentablemente en eso se ha convertido el periodismo del Siglo XXI -el generalista y el especializado-, en un escaparate de banners que pocas veces tienen que ver con el contenido o en un «publirreportaje» donde lo más importante es un título que sea un gancho para recolectar clicks en lugar del contenido.

Rockdelux en esta su segunda vida nos prometen que será un medio de calidad. «La profesionalidad y la calidad de sus contenidos hacen que el modelo de suscripción digital sea el único viable para esta nueva etapa», afirman. Habrá que ver si el público digital apuesta por un medio de pago, algo que me atrevo a decir que es inédito en nuestro país (aunque en su texto de presentación afirman que van a dar mayor protagonismo a Latinoamérica, algo que abre la revista a un público potencialmente enorme; habrá que ver qué opina Google de todo ello también). Espero también que hayan tenido en cuenta que el público joven hoy en día prefiere seguir un podcast o conectarse a Youtube que leer noticias. Y no te digo ya nada sobre los artículos extensos…

Pero por una vez voy a ser optimista. Pongamos que Rockdelux consigue mantenerse gracias a las suscripciones y que sus contenidos de calidad son apreciados por una nueva generación de aficionados que son nativos digitales. ¿No sería entonces un tanto inquietante que una de las promotoras más grandes del país estuviera de alguna manera íntimamente relacionada con una de las publicaciones independientes más conocidas? Nos aseguran que se va a respetar «el funcionamiento autónomo e independiente de Rockdelux». Algunos argumentarán también que de facto la revista ya era una especie de medio oficioso de Primavera Sound, empresa con la que le une una especial relación. El texto de presentación de hecho define a Rockdelux como «aliada histórica del festival». No me parece nada tranquilizador, pero el lector tendrá que juzgar por sí mismo.

No me olvido de que en los últimos años, «reputados» periodistas musicales vienen quejándose de la amateurización de la profesión de crítico, de la ausencia de verdaderas «críticas» (al parecer todo son loas por el miedo a las represalias, algo que parece que el medio digital potenciaría) y del progresivo empobrecimiento de la calidad de los escritos y de la permanente búsqueda de la «viralidad». Aun estando esencialmente de acuerdo, también creo que muchos no han sabido asumir que el modelo ha cambiado. Al público se le ha educado para el consumo inmediato, para lo breve, los titulares llamativos para captar visitas (clickbaits)… y si es en formato audiovisual mejor. ¿Va a ser Rockdelux capaz de romper esa tendencia? Echando mano del tópico solo el tiempo lo dirá, pero me parece que el eslogan que Primavera y Rockdelux han escogido tiene muchas posibles lecturas: Igual pero diferente.

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