Throwing Muses – ‘Sun Racket’ (Fire 2020)

Parece como si en este año con ínfulas de palíndromo el tiempo se hubiera paralizado, o quizás es que el reverdecer de los recuerdos pasados nos lleve a un cierto grado de nostalgia.

Eso es precisamente lo que uno siente al tener «Sun Racket» entre las manos, aunque sería más acertado, en este momento de la virtualidad exacerbada, decir que se tiene entre los dispositivos. Un cierto grado de morriña emocional hacia un tiempo en el que las cosas parecían ciertamente más interesantes en lo que a creación musical, o al menos eso era lo que creíamos.

Throwing Muses están de vuelta. La banda que, junto a un puñado más, formó parte y dió lustre a uno de los epítomes del alternativismo cuando el término apenas estaba acuñado, el sello 4AD, está de vuelta en estos convulsos tiempos, y ha decidido sacar a la luz este pasado cuatro de septiembre su décimo álbum, un numero redondo en el que Matrha Kristin Hersh, acompañada de David Narcizo y Bernard Georges, no parece haber perdido la esencia que la aupó a los altares del culto underground, que luego ha sido relativamente masivo, al menos para una gran minoría mayoritaria musicalmente hablando, perfectamente encajada en su nicho correspondiente.

Hersh, motor de la banda y de su propia carrera en solitario, donde quizás sea más comedida que en sus incursiones con su vieja banda, marca los tiempos perfectamente con su arenosa voz y sus guitarras punzantes e hirientes a lo largo de la poco más de media hora de música que nos entrega en «Sun Racket«, nombre de esta entrega, y que se halla escondido, entreverado en la letra de «Bo Diddley Bridge«, el cuarto tema del disco.

Volvemos a encontrarnos con las señas de identidad de Throwing Muses en todo el minutaje de «Sun Racket«, sus atmósferas, sus arrebatos, sus melodías melosas o abruptas, dependiendo de lo que la situación requiera, y una especie de aceptación reverberada de la realidad, donde Hersh nos muestra un universo más calmado y asentado del que nos mostró en «Purgatory/Paradise», su anterior entrega, de la que le separa un hiato discográfico de siete años, en los que Hersh ha seguido paralelamente con su producción en solitario.

La crudeza y, en cierto modo, espontaneidad de «Purgatory/Paradise» ha dado paso, como les hemos comentado anteriormente, a un disco más trabajado, con una producción más cuidada, y, sobre todo, con una atmósfera que hace que el resultado general se unifique bastante, sin caer en la monotonía debido al inteligente corto minutaje, y de un aspecto más maduro y atemporal a «Sun Racket«, eso sí, sin perder ese universo a veces asincopado, con sus fragilidades pero también con su dosis de visceralidad y tensión, que afloran comedidamente en ciertos pasajes del disco y que marcan quizás los puntos álgidos de esta entrega.

Hersh ha pilotado esta vez la nave de la cuidada producción, lo cual también ayuda a explicar todo ello, y quizás también esta sea la razón por la que puede que «Sun Racket» sea uno de los álbumes de la banda, si no el que más, donde se ha logrado mostrar más acertada y fielmente el sonido de Throwing Muses.

Sin duda Hersh y sus acólitos han conseguido facturar con «Sun Racket» un disco que contentará a los viejos seguidores de la banda, y hará que nuevos adeptos se sumen a ellos, certificando el buen estado de forma en el que se hallan los que hoy denominan dinosaurios de la música, pero que como ya hemos comentado en mas de una ocasión por estos lares, muestran más nervio y músculo que muchos de los baluartes de las nuevas generaciones.

Solo nos queda que tras este velo que cubre de inactividad luctuosa la industria musical, podamos ver como Throwing Muses desarrollan y defienden estos temas en directo. Esperemos que pronto.

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