El vaso (musical) medio vacío

Leo, veo y escuchos estos días en los medios generalistas que por primera vez desde los 90, la venta de discos en formato vinilo -en lento pero constante crecimiento desde hace algunos años-, ha superado a las del CD. También se recoge en los medios que en los seis primeros meses del año, la industria musical española ha subido sus ingresos un 3,99% respecto al mismo período de 2019; la clave parece haber estado en el aumento del uso de los servicios de streaming durante el confinamiento.

La situación podría parecernos halagüeña si no fuera porque en los rankings de reproducciones que durante los últimos meses ha venido proporcionando cierta plataforma, el rock brilla por su ausencia. La alegría va por barrios, como suele decirse, y por lo que a nosotros respecta las cosas siguen igual de mal que antes. Mucho peor incluso si caemos en la cuenta de que las salas de conciertos están pasando por su peores momentos y que nadie a nivel gubernamental ni político parece estar por la labor de dar un poco de cuartelillo y permitir cierta flexibilidad de las restricciones o incluso dar ayudas al sector.

Puede que para la gran industria discográfica, la que crea hábitos de consumo musicales, no haya tanto nubarrón en el horizonte, pero para ese tipo de géneros que ya no reciben apoyo -el rock y todas sus variantes por ejemplo- las cosas no pintan tan claras. Y no sé si es cosa mía, pero en los últimos meses he notado cierto aumento del precio medio de los discos de vinilo (tal vez tenga que ver con aquella fábrica californiana que se incendió hace unos meses, tal vez no…), lo que me dice que a medio plazo se volverá a contraer el consumo de LPs simplemente porque el bolsillo de los aficionados no lo va poder soportar.

Casualmente, este pasado fin de semana escuchaba al vilipendiado Ramoncín comentar en un programa de televisión respecto al fenómeno del botellón que mientras la juventud se está emborrachando no molesta, y que por eso hasta ahora se ha tolerado (recordemos que el botellón lleva años prohibido, no es cosa de ahora); algo así pienso yo que ocurre con la música: se fomentan y apoyan estilos inofensivos mientras que los que son dados a reacciones más contestatarias se combaten de manera más o menos sutil.

Dejadme que siga pensando mal, pero a mí todo esto no me parece un simple descuido de las autoridades competentes. Cuando todo esto acabe (si es que algún día se acaba, yo hace tiempo que vengo diciendo que la situación se va a aprovechar para establecer restricciones permanentes por ejemplo en el tema de los aforos), veremos cuántas salas de conciertos se seguirán manteniendo en pie. Entonces tal vez aumenten todavía más las reproducciones por streaming, sí, porque lo mismo tenemos que suplir el mono de conciertos en vivo con eso.

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