La necrológica constante del rock

Siento tener que volver a ponerme pesimista -algunos dicen que no es que me ponga, sino que SOY pesimista-, pero parece que no hay semana en la que no tengamos que lamentar la desaparición de algún músico o personaje importante relacionado con el universo del rock.

Y es que parece que el periodismo rockero se haya convertido en una necrológica constante, sobre todo en estos momentos en los que dar la noticia de una nueva gira casi se ha convertido en un lujo asiático. Y aquí quiero hacer un inciso, porque estoy seguro de que algunos no estarán de acuerdo con llamar periodismo a lo que aquí hacemos; no pasa nada, yo me considero solo un fan, pero no veía otra manera de referirme a ello.

La cuestión es que con cada músico o productor que se pierde, perdemos también un poco más de nuestro mundo. Y sí, siempre nos quedarán los discos, pero lo que a mí me sugiere todo esto es que cada vez estamos más cerca de la extinción. Es cierto que siguen apareciendo grupos y que se sigue haciendo música interesante, pero tal y como están las cosas es altamente improbable que vuelva a aparecer una banda de rock que llegue a ser verdaderamente multitudinaria. Y aunque estoy seguro de que muchos pensarán que no se necesitan grupos que vendan millones porque solo atraen chusma a los conciertos, también creo que ese tipo de grupos son necesarios porque ayudan a crear cantera, lo he dicho muchas veces.

No sé, supongo que los llamados dinosaurios del rock de los 70, la bandas de rock progresivo y demás ni se olieron el advenimiento del punk; o que todas las bandas de hard rock de pelos cardados de finales de los años 80 jamás pensaron que tendrían que cambiar de peinado para malamente encajar en la era del grunge. Así que tal vez esté por llegar una nueva revolución en el mundo del rock que lo vuelva a poner de actualidad y que los medios de comunicación masivos vuelvan a prestarle atención (otro de los factores que ayudaría a su recuperación, por más que nos pese), pero yo sinceramente no lo espero. Lo bueno de todo esto es que mientras haya discos editados durante los últimas seis o siete décadas que todavía desconozca, para mí seguirá siendo un viaje de descubrimiento.

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