«L7: Pretend We’re Dead» de Sarah Price (2017)

La que se refiere al auge y caída de L7 no es una historia que resulte excepcional en la historia del rock; de hecho, casi podríamos decir que es casi lo más habitual que les ocurre a la mayoría de los grupos que llegan a cierto nivel de exposición. Porque, como suele decirse, no es difícil llegar sino mantenerse.

Sin embargo «L7: Pretend We’re Dead», el documental dirigido por Sarah Price, sirve además como ejemplo de un hecho que parece muy ligado también a la historia del rock, sino de la sociedad en general, que es la dificultad añadida que se puede encontrar en su camino cualquier persona por el mero hecho de ser mujer. El tan nombrado techo de cristal también existe en la música, y para que grupos como L7 pudieran ser tomados en serio tuvieron que alejarse de ciertos condicionamientos estéticos.

L7 también se vieron en cierta manera obligadas a ejercer una militancia feminista, tanto desde sus letras como por las causas que abrazaron, aunque lo hicieron a su manera y no dejaron que se confundiera su ideología con sus objetivos como banda.

No sabemos hasta qué punto esa lucha desigual en la machista industria musical influyó en la progresiva desintegración de la banda hasta su separación a comienzos de este siglo, pero sí sabemos el beso de Judas que supone para muchos grupos el fichar con una «major». Y L7 no fueron ajenas a esto. También sabemos que la relevancia de la banda no reside únicamente en su glorioso catálogo discográfico; ese es el que les permite merecidamente disfrutar de un regreso de unos años a esta parte moderadamente exitoso. Pero a L7 les debemos todas y todos haber materializado de nuevo la presencia femenina en el rock no como meras comparsas, sino como protagonistas absolutas. Y cualquier grupo de hombres que haya compartido escenario con ellas en algún momento se habrá tenido que esforzar al máximo para estar a la altura.

Gracias L7.

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