Diez años de mi vida; diez años de Uncle Sal

Nuestro colaborador Paco Bobberman nos repasa su relación vital con la banda ibicenca

Diez son los años que lleva esta banda ibicenca dando guerra y cuatro de ellos son los que me he perdido: conocí esta droga hace seis, sin esperarlo ni buscarlo. Seis años hace que me emancipé de mis deberes como padre de familia, de parques infantiles y cumpleaños de Fantas y pizzas.

Un verano cualquiera conocí en un garito a Soulman Sal tocando la guitarra en uno de sus grupos fetiche, Fat Gumbo Bradley. A dicho evento había que ir disfrazado (sobre todo las chicas) de pin ups, y la mejor del concurso de vestimenta y baile se llevaba un CD de Uncle Sal. Se trataba de «Little Cabin Music», el primer disco editado por estos grandes. Ya saliendo de casa y viendo a mi mujer, mi hermana y mi hija vestidas, ya sabía yo para quien iba a ser el primer premio.

Pero eso no iba a ser todo.aAla hora que tocaba se subía Soulman al escenario a tocar esos temas que yo había escuchado desde siempre en los momentos de descanso entre partidos de fútbol infantil y competiciones de judo que nos atrapaban cada fin de semana.

Cuatro rifs de guitarra me hicieron darme cuenta de lo que me estaba perdiendo en esos momentos, y como ya contaba antes, las ganadoras de concurso fueron las míos, las más guapas y más participativas que obtuvieron ese premio, el puto CD de los Uncle.

Digo puto, porque a partir de eso no pudimos dejar de escucharlo todo el día en casa, en el coche, con el móvil, en bucle por todas partes… me parecía increíble que un grupo así fuera oriundo de esta roca y me hice adicto a más no poder.

Empezamos a seguirlos como adeptos a una religión, una secta. Ya éramos asiduos de vez en cuando a ver música de la isla en directo, llevando a nuestros nenes a más de un concierto por toda la geografía insular. Para suerte nuestra les gustaba y preferían un concierto al multicines y burgers de la zona.

Con el tiempo nos hicimos partícipes de la evolución, y aunque llevan diez años, para mí los últimos seis han sido de lo mejor que hemos podido ver en la isla. Una evolución magistral, impacable, inédita y anormal. Se me acabarían los adjetivos escupidos desde lo más adentro de mi ser, es inexplicable lo que estos cuatro tipos de corte y clase media hacían encima de un escenario. Cada vez que los veía sus conciertos iban increscendo, electrónicamente brutales, su ímpetu de sonido era darle al MAX, ni más ni menos. Tengo guardados en la retina sorprendentes conciertos en la Blues Station (Can Jordi) que más de uno se ha perdido, incontable e inédito.

Hasta aquí mi historia de estos tipos con su primer disco.

Al tiempo de conocerlos más a fondo y saber que estaban por la labor de seguir y grabar su segundo disco «You Ain’t No  Blues Man» creció mucho más mi afán por seguirlos, cosa fácil, ya que la presentación de su segundo disco en la Blues Station fue épico para muchos. Un día memorable para toda la Brotherhood que se afilió a esta causa, muchos de ellos adeptos incondicionales de lo que estos cuatro tipos producían.

La Brotherhood de Uncle Sal entro en mi vida como un chute de adrenalina infernal. Muchos son las mentes y cuerpos que seguimos la estela musical de fabricación propia en este país, entre ellos la de Uncle Sal, que en todo momento han sabido dar la talla en todos los lugares donde les han invitado a tocar, haciendo de su nombre y su actitud la relevancia del rock que vivimos en la isla en los últimos años, quitando importancia a fiestas y DJs de máxima importancia para otros.

Con su segundo disco y ya asentados en un buen paronama nacional, reconocidos siempre entre los mejores discos de rock en diversos medios de música y festivales, llevaron durante ese tiempo el buen hacer de las cosas del grupo, el gusto musical y la familiaridad que desprendían en todos sus conciertos, así que cada vez eran más los adeptos a la misma droga que yo consumia.

Despues fue todo magia, un tercer disco («American Dream») descomunal e impacable el que presentaron los de marras como siempre en el templo de la música de Ibiza, Can Jordi, como otras tantas presentaciones suyas de toda su discografía. El día que para mí tocaron la cima del mundo y mearon cuesta abajo (perdón por la expresión). Un discarral que se sacaron y presentaron al mundo, el nacimiento de un sonido, actitud y presencia. En definitiva un disco que completaría la saga de su trilogía, que para mí, ni la de Peter Jackson se podría comparar.

En definitiva, uno de los mejores grupos que hay ahora mismo en el ámbito nacional, que aunque los conozco como personas y puedo presumir de compartir buenos momentos con ellos, a la hora de defender lo indefendible, apuesto por estos cuatro tipos -con el perdón de otras tantas bandas que sigo y que tienen nota para mi de notable alto-. La adicción a según qué cosa me da por tener favoritismos inexpugnables sobre mis consumiciones, Uncle Sal.

Se me hace fácil escribir sobre esto hoy, pero creo que entre todos los que conocéis a la banda y me conocéis sabréis perdonarme, sabedores de todo lo que estoy diciendo es comprensible y apto.

Diez años son los que llevan esta gente haciendo el mal por toda la geografía y en especial por esta isla; solo le pido a Dios que otros diez años no nos vendrían mal a más de uno.

LARGA VIDA A UNCLE SAL

GRACIAS POR ESTOS DIEZ AÑOS DE EXISTENCIA

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