«El camino más largo» de Alexis Morante (2016)

En el año 2010 Enrique Bunbury se embarcó en su gira más ambiciosa por los Estados Unidos hasta el momento. Serían un total de veintiséis conciertos con un recorrido realizado a la vieja usanza -en autobús-, tanto en mercados favorables como en ciudades donde el artista zaragozano no despierta el mismo tipo de expectación.

Es precisamente esa gira la que se recoge en «El camino más largo», título que puede ser interpretado de manera literal -la gira más extensa del protagonista-, pero que aquí puede hacer alusión también a ese anhelo de Bunbury por salirse de su zona de confort, por intentar salirse del guion más obvio para continuar creciendo como artista.

Todo aquel que me conoce -y puede que muchos lectores también- sabe que Enrique Bunbury no es santo de mi devoción, pero me parece un personaje muy interesante porque, como mínimo, da bastante juego. Y no se puede negar que además sabe mucho de música y del negocio. Un colaborador de esta web me comentó una vez que había que ser muy torpe para no conseguir una buena foto de Bunbury. Y eso es así porque, te guste su música o no, Bunbury es alguien que sabe dar espectáculo.

«El camino más largo» no es sin embargo una película de concierto con entrevistas intercaladas, como suele ocurrir más a menudo de lo que tal vez debería con los documentales musicales. Estamos ante un documental puro y duro donde acompañamos al artista y su equipo a través de ese viaje.

Podría casi decirse que estamos ante una «road movie» donde conocemos las grandezas y las miserias de la vida en la carretera, los éxitos y los reveses, los subidones y los bajones… Y ahí está el acierto, porque los protagonistas son Bunbury y los músicos de su banda, pero lo que se nos muestra es algo tan universal dentro del mundo musical que no hace falta ser un fan irredento del de Zaragoza para pasar una hora y media entretenido con el filme.

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