En el año 2004 el insufrible de Morrissey consiguió reunir a los tres miembros
vivos por aquel entonces de The New York Dolls: David Johansen, Sylvain Sylvain y
Arthur «Killer» Kane. Lamentablemente este último no podría disfrutar de este
regreso, ya que tres semanas después de la actuación de la banda en Londres,
fallecería por una leucemia que se le había detectado unas horas antes.

No tengo muy claro si el director Greg Whiteley tenía en mente originalmente
hacer un documental sobre el bajista o sobre la reunión de The New York Dolls,
pero en cualquier caso esa muerte convierte este documental en una obra agridulce
que además posee un valor testimonial enorme. En ese sentido, su visionado puede
resultar bastante emotivo conociendo de antemano el desenlace. Yo confieso que me
emocioné en varios momentos.

Y ahí es donde reside como digo todo el valor de este documental que, por lo
demás, tampoco es que a nivel cinematográfico brille demasiado. Conocemos de boca
del propio Kane sus vicisitudes después del final de The New York Dolls, sus
problemas derivados del abuso de sustancias no recomendables y, en última
instacia, su descubrimiento de Dios, su conversión a la Iglesia de Mormón y su
vida como bibliotecario de la secta. Y entonces llega la oferta para la reunión
de The New York Dolls, su reconciliación con Johansen, el éxito por todo lo alto
de aquel concierto y… bueno, ya sabéis el resto.

Si sois fans de las muñecas de Nueva York y no habéis visto todavía este
documental, este sería un buen momento para recuperarlo. Como digo no esperéis
una obra maestra de la cinematografía, pero como documento «New York Doll» no
tiene precio.

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