«Vamos a morir todos»: la psicosis del coronavirus COVID-19 se extiende al mundo del rock

Vaya por delante que no pretendo discutir la gravedad del asunto ni erigirme en un portavoz de la conspiranoia, pero el asunto este del coronavirus COVID-19 se ha convertido en un auténtico quebradero de cabeza a la hora de confeccionar los contenidos de esta web. Se suceden prácticamente a cada minuto las noticias de conciertos y giras que se posponen y, lo mismo que está trastocando las agendas, se convierte también en un problema a la hora de ofrecer información.

Reitero que ni discuto las medidas, ni las voy a tildar de desproporcionadas, porque hay cosas que son de sentido común (el mismo sentido común que tenéis que demostrar como ciudadanos a la hora de hacer acopio de papel higiénico, por ejemplo), pero ahora mismo se plantean muchos interrogantes que van más allá de la incertidumbre de saber si podremos asisitir a los conciertos de tal o cual grupo en el futuro más inmediato. En primer lugar porque de momento no sabemos el lapso temporal que va a ser necesario para que se dé por despejado el peligro. Se habla ahora mismo de hasta cuatro meses, pero aunque esto fuera así, nos queda la duda de si esta crisis va a servir para que las autoridades competentes decidan reformar normativas en un sentido más restrictivo como, por ejemplo, todo lo relacionado con los aforos de las salas. En un negocio como el del rock, donde a los grupos y a las salas les cuesta cada vez más sobrevivir, esto sería una malísima noticia.

Creo también que en los próximos días o incluso semanas va a seguir habiendo cancelaciones de giras previstas para los meses venideros. Ojalá me equivoque, pero creo que incluso los eventos previstos para el verano como mínimo van a tener que lidiar con caídas de nombres de sus carteles, ya sea por excesiva precaución o por haberse dejado llevar simplemente por el miedo. Nada nos dice tampoco que aunque la alerta se dé por desactivada, se decida alargar las medidas por precaución durante el tiempo que se considere prudencial. De momento gigantes mundiales como las promotoras Live Nation o AEG están recomendando a sus artistas a poner en pausa sus giras. Grupos como Pearl Jam o Rage Against the Machine ya han anunciado también que suspenden temporalmente sus próximas giras (ninguna de las dos contemplaba de momento fechas en Europa o España). Como mínimo, todo esto supondrá que haya que reubicar esas fechas en un momento más tardío del año, pero no sería extraño que algunos de los conciertos que habían sido confirmados fuera imposible -por problemas de agenda de las salas, por ejemplo- volver a reubicarlos en el mismo espacio -mal menor- y/o ciudad.

En un mundo globalizado como el que vivimos, tendremos que acostumbrarnos a que el aleteo de una mariposa en China provoque toda una crisis mundial que trastoque nuestros planes de ocio. Lo positivo es que las autoridades sacarán valiosas lecciones de todo esto. O esperemos que lo hagan al menos. Pero poniendo los pies en el suelo, mucho me temo que esta crisis del coronavirus COVID-19 tendrá efectos a más largo plazo del que imaginamos.

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