Una vez tuve un sueño

Una vez tuve un sueño: quise crear el mejor medio digital nacional dedicado al rock
-entendiendo este en un sentido amplio, como mis propios gustos-, y con la intención
de partir desde el underground, pero sin hacer ascos al mainstream. Pero debo decir
que no era un sueño original, pues al fin y al cabo yo solo aproveché la oportunidad
que me brindó el nunca lo suficientemente bien ponderado Unax, webmaster y creador
original de esta cosa que él mismo bautizó como Rock and Roll Army Magazine. Tal vez
yo haya matizado y diversificado su idea original al llevarla a la práctica, pero
cual ser todopoderoso, él es el alfa y el omega de esta web: con él empezó todo y con
él finaliza todo, ya que en última instancia es también el encargado de esa ingrata e
invisible labor que supone el hacer que todas las cosas funcionen. Y creédme, no es
raro que las cosas se rompan solas.

Sea como fuere, si no me fallan las cuentas, este año 2020 se van a cumplir catorce
años desde que empezó a rodar la maquinaria. Pero puedo equivocarme, nunca llevamos
un diario sobre la actividad de la web (algo de lo que por cierto nos arrepentimos
enormemente ahora que hablamos a menudo de contar nuestra experiencia en un libro,
porque ese material sería puro oro). Ya sé que no es un aniversario «redondo», pero
como nunca se sabe cuánto tiempo estaremos por aquí y dado que me apetecía escribir
sobre el tema, aquí va este artículo que entiendo que no va a interesar a casi nadie,
pero tampoco me importa demasiado, ya que a veces necesito plasmar lo que me ronda
por la cabeza y no dedicarme exclusivamente a llegar al cupo diario de contenidos.

Hay que explicar una cosa: Rock and Roll Army era una cosa completamente diferente
cuando nació. Creo que ya hemos comentado hasta la saciedad cómo y de dónde surgió la
web, así que no me detendré en eso. Pero tal vez nunca hayamos explicado la decisión
que tomamos entre Unax y yo algunos meses después de que la cosa empezase a rodar.
Porque muy al principio Rock and Roll Army era un ente bastante anárquico. No existía
ningún tipo de planificación y los contenidos se iban colgando según iban llegando.
Además, durante aquellos primeros tiempos, la web poseía un aire menos serio, más
gamberro si se quiere. Pero funcionó. Y funcionó muy bien, todo hay que decirlo. Así
que alrededor de medio año después de comenzar nuestra aventura, como decía Unax y yo
nos planteamos -bueno, probablemente me lo planteó él a mí, que es así como yo lo
recuerdo- seguir como hasta el momento o tomarnos las cosas más en serio y
«profesionalizar» en cierto modo nuestro trabajo.

Decidimos lo segundo. No porque pensáramos en aquellos momentos que íbamos a sacar
algún provecho material o económico, sino porque comprendimos que había un hueco que
debíamos cubrir. Y es que por entonces había medios musicales digitales, pero no
existía nada parecido a lo que nosotros pretendíamos plasmar. Nunca hemos abandonado
del todo ese espíritu gamberro y le hacemos guiños de vez en cuando -son sonadas por
ejemplo algunas de nuestras inocentadas, tradición que mantenemos año tras año todos
los 28 de diciembre-, pero aquella decisión como suele decirse marcó para siempre el
devenir de la web. Y creo que no es exagerado comentar que también hemos allanado el
camino e incluso inspirado la línea de otros que han llegado después, razón por la
que probablemente nos tienen tanta inquina desde algunos medios que claramente han
seguido nuestra estela (esto último no lo digo yo, son comentarios que me hace la
gente, aunque esencialmente estoy de acuerdo).

Pero retornando a la línea argumental del artículo, tras aquella decisión me tomé muy
en serio mi papel de «director de contenidos». Entre otras cosas porque es un rasgo
de mi personalidad el intentar dar el 110% en todo aquello en lo que me involucro,
aunque como me dijo en otro ámbito laboral un compañero hace no demasiado tiempo, yo
soy «un buen soldado, pero no un buen capitán». Pero algo que sí que tengo es
constancia -para algunas cosas, todo hay que decirlo, que se lo digan a mi Gretsch
mientras acumula polvo en un descansillo de mi casa-, así que aunque supuestamente
teníamos una persona encargada de las relaciones con las agencias de promo, los
sellos, las editoriales,… fui YO el que hizo la gran mayoría de contactos por los
que Rock and Roll Army comenzó a establecer relaciones y funcionar como un medio
«serio». Sé que hay gente que lo recordará de otra manera pero la realidad es que yo
estoy aquí y esa persona hace muchísimos años que se desvinculó del proyecto, no sin
antes protagonizar numerosas anécdotas del tipo «mi perro se ha comido mis deberes»
cuando era incapaz de cumplir una y otra vez con los plazos de entrega. Y no me
tiréis más de la lengua… aunque en su descargo debo decir que ha habido mucha gente
que se las dió de redactor de Rock and Roll Army y sus contribuciones se pueden
contar con los dedos de una mano (y además me tocaba a mí reescribir gran parte de
ellas).

Esa es otra de las cosas que tal vez hayáis escuchado sobre mí, mi espartana política
relacionada con los plazos de entrega y los requisitos para «ganarse» el derecho a
optar a una acreditación. No os voy a contar en detalle tampoco los entresijos de
esta web, así que servirá con que os diga que considero de lo más razonable que, dado
que estamos en un entorno en el que las noticias se suceden cada segundo, la crónica
de un concierto no debería tardar más de 48 horas en verse publicada. Y también me
parece razonable que si alguien quiere ir a un concierto gratis, lo mínimo que tiene
que hacer es currarse la cobertura previa. Pues bien, parece que para algunas
personas esas normas resultaron inaceptables, así que yo acabé representando una
especie de figura de nazi inflexible. Y sí que he sido inflexible muchas veces, pero
también os podrían decir otros que sí que cumplen con sus responsabilidades que
cuando he tenido que ser flexible lo he sido.

Puede que todo esto os importe más bien poco a los que me estéis leyendo, aunque
tampoco quería dejar pasar la oportunidad para explicar otro detalle, porque a lo
largo de los años he notado que diferentes músicos, y no han sido pocos, en un
momento determinado han empezado a tratarme de manera diferente, probablemente
molestos porque no han visto su último disco reseñado en nuestra web o porque no les
hemos hecho un hueco para insertar una entrevista con ellos. Lo que voy a decir vale
también para las discográficas: si no recibimos material promocional difícilmente
podremos reseñarlo. Por surte o por desgracia tenemos acceso a demasiado material,
muchísimo más del que podemos abarcar con los medios humanos de los que disponemos,
así que eso de ir mendigando discos ya hace años que lo dejamos atrás. Qué más
quisiera yo que poder sacar absolutamente todo lo que recibimos, pero lo cierto es
que la gente no está dispuesta a trabajar gratis (si alguien se piensa que hay dinero
en esto que se vaya olvidando) y los colaboradores no salen de debajo de las piedras.

Tampoco parece ser consciente mucha gente de que tanto yo, como Unax, como los
colaboradores, tenemos una vida aparte de esta web. Así que cuando, como yo, dedicas
horas y horas de tu tiempo libre a trabajar por amor al arte, hay cosas a las que ya
no vas a poder llegar. Es por esta razón que yo, a pesar de lo que me han echado en
cara muchos durante años, me pago probablemente el 95% de las entradas de los
conciertos a los que voy. Tengo mucho respeto por el oficio y cuando hay algún grupo
o estilo que no domino prefiero no escribir sobre ello, por mucho que me apetezca ir
a ver el concierto. Y también que en muchas ocasiones como digo para mí es trabajo;
cuando te resulta imposible desconectar de ello ningún día del año, hay momentos que
simplemente prefieres pagar una entrada y olvidarte por un rato de tomar notas sobre
set lists, problemas técnicos, bajadas del guitarrista de turno a la platea y un
largo etcétera de posibles argumentos para construir una reseña. Porque eso es lo que
hago con mi teléfono móvil entre tema y tema en los conciertos, TOMAR NOTAS. Lo
aclaro porque también me han afeado la conducta al respecto en más de una ocasión.

También, y aunque no viene a cuento, me gustaría dejar claro que procuramos anunciar
gran parte de las giras que nos llegan siempre que creamos que encajan dentro de
nuestra línea editorial, que como digo es muy amplia; pero esto no quiere decir que
nos guste absolutamente todo lo que aparece en la web. Somos un medio que ofrece
información, simplemente. Tal vez ese haya sido uno de nuestros mayores aciertos y a
la vez una de nuestras mayores cagadas, pero así es la vida. En un momento dado
tomamos una decisión y nos mantenemos fieles a ella.

Nadie lo ha preguntado, pero esto también lo cuento: mucho tiene que cambiar la cosa,
pero el modelo de negocio difícilmente es rentable. Tampoco os voy a contar los
sacrificios personales que supone mantener un tinglado como este, algo a lo que yo
siempre me he referido como «una amante muy exigente». He callado durante muchos años
todos estos detalles. O, como mucho, he hecho comentarios aislados aquí a allí a lo
largo de este tiempo. Comentarios que me han valido también el calificativo de
«vinagres». Pero creo que ha llegado el momento de dar mi versión de las cosas,
porque aunque tengo mucho aguante y siempre me he comido todo lo que he escuchado o
me han dicho, tanto la web como yo estamos en un momento en el que creo que ya puedo
contar algunas cosas.

No somos perfectos. Nunca lo hemos sido y nunca lo conseguiremos. Ni siquiera hemos
conseguido llegar ni a acercarnos a la ambiciosa idea que tenía yo para Rock and Roll
Army hace bastantes años. No es posible en primer lugar por los medios humanos con
los que contamos. Personalmente no me siento del todo satisfecho con lo que es hoy en
día Rock and Roll Army, pero sí tengo que dejar claro que me siento muy orgulloso del
trabajo que hemos invertido en todos estos años, aunque tal vez no haya dado los
frutos que ese esfuerzo merece. Pero hay que decir que el entorno tampoco ayuda. Ni
por público, ni por gente con ganas de hacer cosas, ni por la misma dirección que ha
tomado internet en la última década.

No sé lo que nos deparará el futuro. Ni siquiera sé si un medio de nuestras
características tiene algún sentido en la www de hoy en día, porque la tendencia
señala hacia un acortamiento tanto de los contenidos como a un empobrecimiento de su
calidad. Que nadie esté dispuesto a pagar por los medios online es también un
importante obstáculo para el desarrollo, ya que eso nos obliga a insertar publicidad
que ni controlamos ni nos gusta, dejándonos a merced de lo que cierto gigante del
negocio de internet quiera mostrar en nuestra página. Los contenidos de pago solo
ayudan parcialmente. Por cierto, y para que quede claro, todos los medios los tienen,
aunque recientemente nosotros nos negamos por principios a cobrar una crítica de un
disco: no parece muy ético recomendar algo por lo que te han pagado para que lo
publiques. Sí, somos así de gilipollas.

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