The Cynics – Madrid (El Sol 30-1-2020)

Maratón de The Cynics en la piel de toro

Una de las leyendas vivas del garage rock se ha estado paseando por la piel de toro estos últimos días. La extensa gira que The Cynics han realizado en este comienzo de década llegaba a su tramo final, y nos acercamos a la sala El Sol para disfrutar de una de las bandas imprescindibles para todo melómano que se precie. A pesar de que no hace mucho de su anterior paso por la geografía patria –recordemos que estuvieron por estos lares en septiembre del pasado año celebrando el trigésimo aniversario de su álbum quizás con mas repercusión, «Rock´N´Roll«-, Kastelic, Kostelich y compañía se las ingeniaron el pasado viernes para llenar la mencionada El Sol, colocando el cartel de entradas agotadas, y ofrecernos un concierto plagado de joyas para el disfrute de los allí congregados.

El repaso por toda su carrera, con especial énfasis en el anteriormente mencionado «Rock´N´Roll«, pero con espacio incluso para temas que no han visto la luz discográficamente hablando, en una larga velada en la que tras terminar el grueso del concierto, aparecieron para ofrecer un puñado más de temas en el bis de rigor.

Cabe destacar la entrega de la sección rítmica, que añadió brío y contundencia a las composiciones de los de los estados juntos de América, y que junto al siempre brillante Kostelich completaron un soberbio sonido que dio empaque al listado de canciones que The Cynics ofrecieron en El Sol.

El lado quizás menos positivo, porque no llegó a ser negativo, fue el estado de forma de Michael Kastelic, que nos avisó al comienzo del concierto de que su voz estaba algo castigada, aunque a base de oficio se las apañó para afrontar los temas con suficiencia notable, que no sobresaliente, ayudado de docenas de botellas de agua y algún que otro lingotazo de tequila. Esto y el cansancio acumulado probablemente por hallarse en los estertores de su extensa gira, hizo que nos ofreciera una comedida versión de sí mismo, con todo su repertorio habitual de muecas, gestos y guiños al público, pero todo ello sin mostrarnos ese torbellino de movimientos que suele desarrollar encima de las tablas.

Aun así, ver a estas leyendas de la segunda ola del garage rock en el estado de gracia en el que se encuentran, tras casi cuatro décadas de trayectoria, hace que apreciemos más aún el esfuerzo, ya que es algo a lo que muy pocos pueden llegar, y que como público no se debe de permitir no experimentar. Facturar un concierto como el que dieron el pasado viernes en la sala El Sol, a pesar de lo comentado, es algo al alcance de pocas bandas, y eso parecía al observarlas caras de los que se acercaron a verlos, y que luego se arremolinaban junto a Kastelic para conseguir la consabida foto, la firma de algún vinilo, o ambas cosas, con el pitsburgués atendiendo a todos y cada uno de ellos con la sonrisa en la boca.

Estaremos pendientes de su siguiente incursión en la piel de toro para recibir otra buena dosis de garage rock, y ustedes debieran hacer lo mismo si quieren asistir a una velada catárquica y sublime de auténtico rock.

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