Love Division – ‘Ultraviolence’ (Welcome to the Other Side Music 2019)

Me resulta complicado describir a Love Division con alguna etiqueta que los sitúe acertadamente en un género o tendencia; y más después de escuchar este «Ultraviolence» que con el ocaso del pasado año se ha sacado de la manga el trío que encabeza Ricardo de Abiega.

Y aunque además eso de ir etiquetando a las bandas es algo que no me gusta para nada, entiendo que mi labor es la de dar al lector algunas herramientas para poder acercarse a la música que le resulte más afín y no hacerle perder el tiempo. Así que creo que lo más acertado que puedo decir es que en esta cuarta obra, Love Division simplemente se destapan como una banda de rock and roll del siglo XXI.

Once son los temas que el grupo ha incluido en este trabajo, diez propios y una notoria versión de The Who («The Seeker»). Once pepinazos que constituyen «una profunda reflexión sobre la vida moderna» en palabras de la propia banda y que están propulsados por un envolvente y enorme sonido que constituye ya uno de los primeros highlights del álbum.

Pero no tenemos que olvidar las propias composiciones, porque por muy buena producción que el trío haya conseguido, el disco no se sustentaría únicamente en base a ese sonido electrificante. A primera vista, con un análisis superficial, podría parecer que estamos ante una de esas obras que beben directamente de los 90 y sus cortantes riffs… y de pensar así estaríamos en lo cierto, aunque sería reducir demasiado la paleta que de Abiega ha utilizado en estas canciones porque yo también oigo a The Stooges, Neil Young, Jeff Buckley o… ¡The Cult! (sí, para estos últimos tal vez haya que escarbar un poquito más profundo).

Aun así, seguimos simplificando demasiado «Ultraviolence», porque el álbum tiene su propia personalidad que convierte este artefacto en algo personal gracias a una serie de inspiradísimas canciones que en algunos casos se convierten casi en himnos (al tiempo…).

Estaría mintiendo si no dijese que «Ultraviolence» me ha dejado noqueado. Porque estamos hablando de un disco que ya desde una primera escucha resulta evidente que no es un elepé más. Pocas veces acabo una reseña implorando al lector a escuchar un disco, y esta es una de esas raras ocasiones.

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