Tommy Stinson – Zaragoza (Las Armas 20-11-2019)

Llevo desde la noche del pasado miércoles dándole vueltas en mi cabeza a lo que se pudo ver en la sala de Las Armas y, sobre todo, cómo encarar este texto. Una velada que podríamos calificar de contrastes. Por un lado, volvimos a vivir una de esas noches en las que a uno se le cae el alma a los pies al acercarse a una sala en la que solo un puñado de aficionados esperaba la actuación de turno; por otro, ver a Tommy Stinson de esa manera, con su espalda enfrentada con la barra de la sala y las apenas veinte personas que allí nos dimos cita dispuestos en semicírculo, a metro y medio de distancia del artista, se ha convertido desde ya en uno de los conciertos más especiales que yo personalmente haya experimentado nunca (probablemente el más especial de todos). Sin micros ni altavoces. Sin trampa ni cartón.

Comprenderéis que la faena de poner todo eso por escrito me resulte complicada, porque aquí se mezclan mi patente incapacidad para la literatura con el estado de aturdimiento en el que todavía me encuentro según redacto estas líneas. Un estado inducido por la recurrente falta de horas de sueño que me vuelve a afectar últimamente, sumado a la sensación de haber vivido un momento casi histórico, algo que cuando me levanté el jueves por la mañana llegué a preguntarme si realmente había ocurrido tal y como lo recordaba o se trataba de una sensación artificial.

Y es que toda esta historia tiene tintes que rozan lo surrealista, empezando por el principio, cuando Stinson entró por la puerta de la sala cargando con la funda de su guitarra acústica (una Gibson Everly Brothers Flattop que, como nos comentaría, había mandado pintar para que el cuerpo fuera de color verde), en lugar de asomarse desde el acceso del escenario. Sin mucha más dilación pidió algo de beber (alternó el agua con hielos con los chupitos de bourbon), sacó el instrumento de su hardcase, se lo colgó y empezó a tocar.

No tardaría mucho en decirnos el que fuera bajista de The Replacements -banda a la que por cierto no recurrió en ningún momento- que nos acercasemos más, hasta que esa veintena de personas logramos rodearle. Incluso en un momento dado prometió a la audiencia, que seguía manteniendo una respetuosa distancia, que no tuviera miedo en acercarse porque no iba a escupir. Todo en un tono distendido, intercalando bromas y pequeñas historias, dedicando algún tema al fan que lo había pedido y mientras desgranando un cancionero que no suena para nada insulso o inofensivo en el formato acústico. Y pueden dar fe de esto los taconeos espontáneos o las palmas también improvisadas que surgieron de entre el público en varios momentos del show.

Se centró el de Minneapolis como decimos en su material con Bash & Pop, aunque le dió tiempo también de estrenar dos canciones de Cowboys in the Campfire, un proyecto musical en formato dúo que le une al músico Chip Roberts.

En las distancias cortas Stinson se revela como un artista que se comporta con una espontaneidad pasmosa, parando una canción en el intento de recordar una línea de la letra que se le había olvidado, buscando el tono correcto de otra y, sin un set list cerrado en el que guiarse, saltando a otro tema sin ningún problema si no se veía capaz de interpretarlo en ese momento.

Así, tras poco más de una hora cantando (y cantando muy bien por cierto), Tommy abandonó la sala de la misma forma en la que había llegado: cargando con su guitarra y por la puerta. Nuestra experiencia Tommy Stinson no finalizaría aquí, ya que habíamos cargado con parte de su discografía con la esperanza de que nos la autografiara. No solo nos firmó los discos con sumo gusto, sino que también nos dió un abrazo y se ofreció a hacer un selfie cuando le pedimos una foto.

Fuera lloviznaba, hacía frío y al día siguiente había que volver a madrugar. Una vuelta a la realidad que pareció también experimentar el propio Stinson cuando salió a la calle poco después que nosotros y comprobó que el calor que se había generado dentro de la sala allí se había quedado.

Necesitamos más gente como Tommy Stinson. Desesperadamente.

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