Jake Clemons – Madrid (Caracol 29-10-2019)

Jake Clemons y el eterno retorno

Para la mayor parte de los avezados lectores de Rock And Roll Army, un leve tintineo resuena en lo más interno de su subconsciente cuando un nombre familiar aparece por las páginas (virtuales) del magazine.

Esto mismo debió suceder cuando nos topamos con Jake Clemons, célebre por su linaje y por haber sustituido, ya por unas cuantas temporadas, a su malogrado tío en una de las formaciones más mediáticas y conocidas del orbe musical, dato reseñable más aún por ser esta simplemente una banda de acompañamiento de un artista.

Pero cuando su jefe es un fenómeno de masas, la cosa cambia.

Sin embargo, el interior de cada artista le llama a encaminarse por su propia senda, y eso es a lo que en estos momentos Clemons se halla entregado.

Con su segunda obra completa, la tercera si tomamos en cuenta su EP de debut, allá por 2013, Clemons abandona momentáneamente las mastodónticas giras, los estadios a rebosar y demás zarandajas propias de la vida de una estrella del rock, para sumergirse en la realidad que supone para un músico defender su obra propia desde abajo, a golpe de carretera y garitos de pequeño y mediano aforo.

Con este planteamiento, a pesar de enfrentarse a pequeñas salas, en no pocas ocasiones con escaso público, Clemons defiende su repertorio con ahínco y, sobre todo, con honestidad.

El concierto que dio en la capital del reino el pasado martes, en una sala Caracol que presentaba una más que discreta entrada, ratifica lo dicho.

En lugar de cumplir con su cometido y cumplir con el expediente ante tal situación, se empeñó en defender sus temas e intentar hacer participes a los allí congregados de su liturgia.

Un sonido aceptable, una banda solvente y contenida, sabiendo quién tiene que enarbolar la bandera del protagonismo en todo momento y un puñado de canciones hicieron el resto para que la velada del martes llegara a buen puerto.

Clemons lo dio todo encima del escenario y también en las varias incursiones que protagonizó en platea, para tratar de demostrar que cree fervientemente en su trabajo.

Consciente de su historia, no quiso hacer ningún guiño a su jefe, ni tampoco abusar del que realmente es su instrumento principal, el saxofón, que blandió en contadas ocasiones durante la velada, pero suficientes para demostrar por que él y no otros están en su puesto, y se dedicó sin más a mostrar al mundo lo que lleva dentro.

Quizás la única nota discordante, además de algún problema técnico transitorio con el sonido, fue la dispersión de su obra musical, cosa por otra parte muy habitual en los multi instrumentistas, no acabando de hilar un camino común a su discurso. Aún así, en el repertorio de la noche se encontraban enormes perlas con las que el público disfrutó a fondo.

Clemons brindó momentos para el recuerdo en la Caracol, y algún que otro ramalazo de esa vida paralela de estrella, como cuando defenestró su pobre teclado maestro, y ese final de concierto a capella después de haber enardecido previamente a los allí reunidos con una versión del «Good Lovin´» de The Rascals.

Tras ello, firma y fotos con todo aquel que se acercó a pedirlo, con agradecimiento y una sempiterna sonrisa en la boca.

El eterno retorno.

Cual ave fénix fenecer y resurgir de las cenizas para completar el ciclo una y otra vez. Como un eterno día de la marmota para Bill Murray.

La necesidad de tocar fondo para retomar la vida con más brío si cabe, sobreponiéndose a la adversidad una y otra vez para tratar de alcanzar la cima.

Eso es lo que nos brindó Jake Clemons el pasado martes en la sala Caracol. La importancia de la esperanza y de, como reza el título del álbum que presentaba, poner los ojos en el horizonte, siempre para mejor.

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