Pixies – Madrid (La Riviera 24-10-2019)

Catarsis generacional

El abarrotamiento de la sala La Riviera nos adelantaba que el resultado de la noche iba a ser, cuanto menos, festivo.

El poder de convocatoria que aún a día de hoy atesoran Pixies no es para nada desdeñable. Aunque mayoritariamente anclados en la mediana edad, se podía encontrar algún atisbo de ósmosis generacional -que quizás hayan heredado del fervor parental hacia los bostonianos-, entre los asistentes, aunque su presencia se puede reducir a título testimonial.

Pixies nunca han sido una banda muy empática. Es de sobra conocido el hieratismo y la poca comunicación que se establece con el público mas allá, por supuesto, de los temas que interpretan en cada concierto.

Y la maratón que Pixies tenía preparada para su velada en La Riviera no distó mucho de los aproximadamente cuarenta temas que vienen siendo habituales en cada una de las entregas de esta gira, en la que presentan, exhaustivamente, su más reciente trabajo discográfico, «Beneath The Eyrie«, que destripan al completo.

Cierto es que el minutaje de muchas de sus obras es exiguo, pero aún así, se acercaron a las dos horas de descarga sobre las tablas de La Riviera.

Anclados entre la niebla y unas difusas luces, que mejoraron tras la salida del foso de los reporteros gráficos, las siluetas de esta nueva encarnación de la banda golpeaban a los asistentes con cada uno de los temas de su repertorio, colocando estratégicamente canciones bandera para repuntar los momentos bajos de la liturgia.

Siempre es una enorme ventaja tener entregado al público de antemano, y esto lo exprimen Francis y sus acólitos hasta el infinito, pero presentar al completo su reciente álbum causa estragos en la dinámica del concierto, necesitando pildorazos de energía para aplacar los repuntes del volumen de conversación de la parte del público que considera que alternativo es sinónimo de alternar en un concierto.

El sonido pulcro y a la par contundente cuando fue necesario, la voz de Francis, que sigue soportando con nota el embite del tiempo y los excesos, los juegos con cables e histrionismos varios de Santiago, que trata en vano de puentear el magnetismo del jefe, la eficacia de Lovering, y el buen hacer y cara amable de Lechantín, que parece un excelente contrapunto al núcleo duro de la banda, aunque los fans acérrimos no dejen de odiarla por estar en el puesto de la Deal, hicieron el resto.

Resulta difícil no rendirse ante un grupo que ha significado para muchos el despertar musical a otras realidades sonoras, catalizador de un inconformismo ante lo que la industria musical ofrecía por aquel entonces, y que tiene verdaderos pelotazos capaces de sacar del letargo a cualquiera.

Precisamente el tercio final de la velada atesoró muchas de estas canciones, para terminar con el imprescindible, aunque castrado, «Debaser«, seguido de «Gigantic» con el que Pixies pusieron punto final a un espectacularmente pragmático y efectivo concierto, aunque el piloto automático se halle instalado ya hace tiempo en la maquinaria de los masachusetanos.

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