Daughters – Madrid (Sala Cool 13-10-2019)

Daughters. Micrófonos en el merchandise

Daughters llegaba a la capital del reino imbuida en ese aura de pseudo-divinidad del noise rock más extremo, junto con la contundente huella tanto sonora como emocional que imprimen en todo aquel que se acerca a una de sus actuaciones en directo.

El hecho de haber facturado el que sea quizás su mejor composición discográfica, todo esto tras un largo hiato temporal que les mantuvo separados, auguraba un elevado grado de atracción por el público alternativo del ruidismo más transgresor.

La tensión, angustia, ira y muchos otros sentimientos casi atávicos condensados en «You Won´t Get What You Want» hacían presagiar el frenesí de lo que podía ser su puesta en escena intepretándolo en directo, con lo cual, un numeroso grupo de seguidores se agolpaban desde mucho antes de la apertura de puertas en torno a la sala Cool Stage, donde los de los estados juntos de América habían de oficiar la liturgia.

Con la sala confortablemente llena, en su gran mayoría por post adolescentes, saltaban a las tablas, inmersos en la niebla, teñida únicamente por una invariable e impertérrita luz roja, Jeromes Dream.

El cuarteto permaneció de espaldas al público, alrededor de la batería, la escasa media hora que duró su concierto.

Probablemente tengan su público, pero a nosotros su sucesión ciclotímica de acentos al unísono y acoples disonantes, se nos hizo empalagosa y ciertamente monótona y repetitiva, conectando solamente de soslayo con las primeras filas, pero dejando algo fríos al resto de los allí presentes.

Tras ellos, y una breve limpieza de escenario, llegaba el momento cumbre de la noche

Daughters saltaban al escenario, esta vez en formato sexteto, donde solamente pudimos reconocer al núcleo duro sobre el que se cimenta la formación, esto es, Alexis S.F. Marshall, Nicholas Andrew Sadler y Jon Syverson, junto una bajista, un teclista que disparaba a su vez samplers y añadía percusiones puntuales, y un segundo guitarrista que creímos adivinar que era Pat Masterson, pero de lo cual no estamos completamente seguros.

Poco importaba ya cualquier cosa. La bestia había hecho acto de presencia y estaba dispuesta a vaciarse en escena y devorar todo aquello que le saliera al paso.

A pesar de los esfuerzos de Sadler y Masterson, la banda es completamente eclipsada por Marshall, que actúa como sumo sacerdote imponiendo sus manos sobre los acólitos de las primeras filas, moviéndose como un poseído, sacando sus ojos de las órbitas, expulsando fluidos y contorsionando su cuerpo y cara hasta límites bastante extremos.

En esta ocasión no saltó a la platea, pero sí exhibió sus auto lesiones, y se propinó una buena ración de ellas, efectuadas estas bien consigo mismo, como con cualquier otro elemento que tuviera a mano, especialmente con su micrófono, al que dio bastante mala vida, que suponemos será, como sus compañeros fenecidos a la venta en el puesto de merchandise, bastante efímera.

Del impoluto traje negro con chaleco y camisa poco quedaba a término del concierto, mostrando su cuerpo lleno de laceraciones y otras marcas, suponemos que de anteriores conciertos.

No faltaron tampoco los juegos con los cables, a modo de hélice para el masacrado  micrófono, o anudando estos alrededor de su cuello, como hizo también con su cinto a modo de horca en el más puro estilo oeste.

Hasta ahí, que no es poco, el espectáculo visual. En cuanto al estrictamente musical, Daughters pivotó el concierto casi exclusivamente en «You Won´t Get What You Want«, el cual sonó casi al completo, con espacio únicamente para tres temas de su inmediatamente anterior álbum.

Poco espacio para las melodías, digamos estándar, y mucho para las disonancias, las escalas imposibles, y los múltiples efectos que sobre la milimétrica batería de Syverson van construyendo una muralla de sonidos que golpea los oídos y el estómago del oyente en la misma proporción.

Sadler es capaz de extraer sonoridades a priori poco habituales de su guitarra, con la capacidad, reforzada por la labor de Marshall, de despertar el lado atávico de todos y cada uno de los que se hallaban en la sala Cool.

Un sonido potente, pero con definición y espacio suficiente para discernir las diferentes partes que cada elemento aportaba a la suma final, sin restar un ápice de la suciedad sonora que por momentos chirriaba en el ambiente hasta causar ese efecto opresivo y angustiante que Daughters persigue para sus viscerales liturgias

En definitiva, un concierto poco habitual, y por ello, recomendable en todos los aspectos, puesto que la escasa hora que Daughters estuvieron sobre las tablas, fue como estar en una lavadora llena de cuchillas de afeitar que centrifugara a altas revoluciones, con nosotros dentro.

En el debe quizás podríamos apuntar que la supuesta originalidad de Daughters no es tanta como ellos pretenden, que las disonancias -a pesar de que los temas se hallaban diferenciados y no sonaban repetitivos-, se hacían algo monótonas, y que el estilo de ese animal escénico que es Marshall, abusara un poco de los pasajes de spoken-word, llegando a poder ser tedioso.

Una cierta sensación de teatralidad ensayada y compuesta por y para el espectáculo, algo alejada de la honestidad, no dejaba de aparecer en nuestro subconsciente.

Quizás para los post adolescentes que mayoritariamente poblaban la sala, la experiencia vital sea apoteósica; quizás para el resto también, pero puede que con un buen baño de visceralidad y performance no sea suficiente para mantener las expectativas por mucho tiempo.

Tampoco queremos pasar por alto la imposición de la banda a los medios de publicar únicamente fotografías en blanco y negro, pasándose por el arco del triunfo la libertad de prensa y demás zarandajas.

En resumen, un concierto con luces y sombras, que aunque hay que reconocer que probablemente sea uno de los más intensos y originales de lo que va de año, nos deja con un poso agridulce, aunque intentaremos quedarnos con lo positivo de las sensaciones de los que salían el pasado domingo de la sala Cool tras un viaje de catársis colectiva que tardarán en borrar de su memoria.

Jeromes Dream
Daughters
Daughters
Daughters
Daughters
Daughters
Daughters
Daughters
Daughters
Daughters
Daughters
Daughters
Daughters
Daughters
Daughters

Comentarios

Comentarios