HALEY FOHR (Circuit des Yeux) presenta ‘Salomé’ mañana en Madrid

La icónica ‘Salomé’ (1923) recibe un nuevo tratamiento sonoro a cargo de Haley Fohr de Circuit des Yeux – comparada con Nina Simone, Nico e incluso Scott Walker – en un proyecto comisariado por Opera North (Leeds) en el que aporta un contexto contemporáneo y un discurso más feminista a la controvertida cinta dirigida por Charles Bryant y basada en una obra de Oscar Wilde.

La proyección de la película será acompañada por la actuación del cuarteto formado por Fohr para la ocasión, y se presenta en una de las tres exclusivas fechas que la artista ofrecerá en toda Europa continental. Será mañana martes 15 de octubre en el Auditorio de Conde Duque de Madrid.

La trama de Salomé ha servido de inspiración a emocionantes piezas musicales, la más notable la opera de Strauss del mismo nombre, que supo ver en el texto de Wilde un shock de modernidad. Como Strauss, Fohr encuentra una resonancia contemporánea en la sensualidad y la violencia que destila Salomé, y lo convierte en un espejo sonoro de nuestro tiempo.

Aunque hoy en día es considerada un clásico, la adaptación cinematográfica de Salomé fue notablemente menos exitosa cuando se estrenó – en parte por los supuestos excesos tras bambalinas de la protagonista y productora Alla Nazimova. En décadas recientes, su combinación de Art Nouveau, modernismo y glamour de la era dorada de Hollywood han contribuido a su creciente reconocimiento como extraña gema y pieza angular de la cultura gay.

“Compuse esta partitura con una versión de la película sin intertítulos, y por eso creo que debe ser proyectada de esa manera. Puede que sea una petición un poco atrevida, pero silenciando la conversación pienso que pronto brota una nueva historia en su lugar, y la partitura la compuse tanto para esa historia alternativa como para la propia película.

Salomé, la película muda de 1923 protagonizada por Alla Nazimova, fue adaptada de una obra de Oscar Wilde. La representación de su guión original fue prohibida y considerada como una interpretación demasiado arriesgada de la historia bíblica que la inspiró. Inicialmente encontré que su argumento estaba sumamente anticuado y plagado de estereotipos. Salomé es una persona convertida en objeto, despojada de su nombre (que bíblicamente significa «hijastra de Herodes»), y tachada de hembra peligrosa y seductora en la mitología cristiana. «Femme fatale» es una metáfora mezquina y pasada de moda usada por la industria del entretenimiento, confundida en sus orígenes con un paso adelante en el empoderamiento de la mujer ¡pero eso fue a principios del siglo pasado! ¡Es una escena del pasado, escenificada en el futuro! El diseño escénico moderno y avant garde (diseñado con gusto por la propia Nazimova) es una síntesis poderosa de su absurdidad conceptual. Se presta a la tendencia natural a encontrar la utilidad de esta pieza en nuestro mundo contemporáneo. En esta era de desmembramiento de la misoginia yo pido que utilicemos esta película histórica y la re-contextualicemos como un nuevo tipo de sátira – una que representa la (otra) psyche de la mujer moderna en su tránsito por el traicionero laberinto que va de la inocencia (pureza) a la madurez femenina (sabiduría).

Es esta una historia sobre una mujer que, aunque anhela ser escuchada, está privada del camino a la verdad. Cuando veo cómo Salomé necesita a Juan Bautista, veo a una mujer que necesita ser comprendida, no deseada. Cuando veo a Salomé bailando la danza de los siete velos – un acto al que toda mujer es sometida en algún momento de su vida – yo veo a una mujer usando la única herramienta de la que puede echar mano, la mirada masculina. Cuando veo a Salomé pedir la cabeza de Juan Bautista, veo a una mujer suicidándose socialmente gracias a un poderoso acto de anarquía en el que reniega del mundo en el que vive. Un mundo que no le escucha y del que no puede formar parte.

El final de la película me deja profundamente triste. La muerte y la destrucción mostradas son un espejo del mundo actual, producto de nuestras acciones. Dejadnos silenciar estos diálogos unilaterales, este bucle de respuestas que deja al resto impotentes y sin recursos. Ha llegado la hora de escuchar la historia de otras, incluso si es en idiomas que aún no entendemos. Porque donde no hay verdad, no puede haber amor, y donde no hay amor, no puede haber paz”.

Haley Fohr

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