James – Madrid (La Riviera 11-9-2019)

El nuevo aumento de aforo de La Riviera le vino como anillo al dedo a James el pasado miércoles en la capital del reino. Rozando las entradas agotadas en su única cita en sala, con espectáculo propio, los de la pérfida albión saltaron a las tablas con una motivación inusitada, sobre todo Tim Booth, que nos obsequió con sus convulsos contoneos y excentricidades durante toda la velada.

Milimétrica puesta en escena, con unas luces sobrias pero extremadamente cuidadas y efectivas , quizás por estar la banda inmersa en un documental que versa sobre su gira, desgranaron uno a uno los temas de una extensa lista en la que se hallaban entreverados los grandes éxitos de la banda, que como era de esperar, fueron los que se recibieron con más fervor, aunque con peso, sobre todo, para lo que por el momento es su más reciente trabajo discográfico, «Living In Extraordinary Times«, del cual se atrevieron con un buen puñado de temas.

Con los éxitos clásicos de la banda fue cuando la temperatura en platea ascendió notoriamente por parte de la ya de por sí entregada audiencia, siendo «Sit Down» el primero de los momentos álgidos de la liturgia, que no el único, a lo largo de las casi dos horas que permanecieron sobre las tablas los mancunianos.

Aunque algún que otro problema de sonido hizo que en los primeros momentos de la noche Tim Booth repitiera el comienzo de algún tema por no hallarse cómodo con sus escuchas, la solvencia de una banda como James está sobradamente demostrada, y el sonido ayudó a que todos los matices, que son muchos, interpretados por la extensa formación, más cercana a un equipo de futbol que a una banda de rock, arropó totalmente a Booth para que cumpliera a la perfección su papel de sumo sacerdote, y que solamente se dedicara a la comunión con los allí presentes, dejándose llevar en más de una ocasión por encima de las cabezas y cuerpos de las primeras filas y recorriendo la pasarela que montaron frente al escenario para facilitar el baño de multitudes al que se entrego en varias ocasiones a lo largo de la noche.

James, reverdeciendo laureles, se reivindicaron en la capital del reino, reclamando su puesto en un asalto desde una segunda juventud, ese puesto que siempre se les resistió en el clímax de su carrera y que quizás no vuelva.

Puede que no descubran ya nada nuevo a estas alturas del partido, aunque a juzgar por lo vivido y oído, el disfrute a ambos lados del foso fue satisfactorio, poniendo el broche con un controlado fin de fiesta en los bises, donde a algunos «elegidos» se les permitió encaramarse al escenario para compartir las tablas con sus ídolos.

Todos contentos.

 

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