24 horas entre alienígenas

Nuestro director es "abducido" por la programación especial sobre extraterrestres de DMAX

Para muchos resulta sorprendente que una persona tan racional como suelo ser yo, que tiene formación científica y que además se gana la vida mayoritariamente trabajando con científicos, sea también un gran aficionado al esoterismo, el ocultismo, la parapsicología y el mundo ufológico. No tengo una explicación sobre esta aparente contradicción; solo sé que desde muy pequeño sentía fascinación por estos temas. Diría que probablemente, junto a la música, haya sido una de las mayores pasiones de mi vida.

Ya en mi juventud, con estudios superiores y una formación lo suficientemente sólida como para tener espíritu crítico, dejé un poco de lado ese interés. Supongo que con todas las cosas que ofrecía la vida a un hombre joven como yo, simplemente no tenía el tiempo suficiente para dedicarlo a ese mundillo. Y qué carajo, me resulta tremendamente insultante dado que soy historiador que cualquier cosa que no se pueda explicar necesariamente tenga que deberse a poderes de otro mundo o civilizaciones extraplanetarias. Me molesta especialmente la expresión «historiadores convencionales», pero ya hablaremos de eso más adelante.

Volviendo al tema, debo decir que en los últimos años sin embargo, la proliferación de programas televisivos sobre «lo inexplicable» gracias al boom de la TDT, he vuelto a dedicarle tiempo a estas cuestiones. Mi relación con personajes como Zak Bagans o Giorgio A. Tsoukalos por ejemplo es ambivalente: por un lado me parecen unos grandes ententainers que saben organizar un buen espectáculo, y sobre todo el segundo sabe hilar bastante bien su discurso, aunque el 99,9% de sus aseveraciones y teorías no resistiría un análisis pormenorizado.

En cualquier caso, cuando hace semanas me enteré de que el sábado 27 de julio el canal DMAX iba a dedicar su programación exclusivamente a temática alienígena, supe también inmediatamente que ese día me iba a resultar muy complicado resistirme al canto de sirena del mencionado Tsoukalos. No habia planeado sin embargo dedicarle ningún artículo. Fue una cosa que simplemente surgió cuando este pasado sábado me incorporé a la programación (que supongo que llevaría desde la madrugada) a eso de las 8:00 de la mañana.

Desayuné viendo a mi amigo Giorgio hacer una serie de análisis a la conocida como piedra de Roswell. «En busca de alienígenas» es un intento del suizo de ascendencia griega de darle un barniz científico a sus disparatadas teorías, algo que se agradece después de tanta teoría sin más base que la de «no puedo explicarlo, por lo tanto se trata de aliens» que tanto éxito ha tenido en el mundo de los memes.

Un personaje curioso este Tsoukalos, y no únicamente por su estrafalario peinado o por su eterna tez bronceada. Editor de la revista «Legendary Times» según se le presenta frecuentemente en la serie «Ancient Aliens», Tsoukalos nació en Suiza como decía antes, habla varios idiomas y según he leído hace poco (aunque no lo he contrastado con la Wikipedia), antes de dedicarse a la ufología era promotor de eventos de culturismo, lo que significa que o ha intentado falsear su biografía cuando habla en sus programas de la influencia que alguien como el conocido Erich von Däniken tuvo en él siendo joven, o bien simplemente es un dato que obvia.

Buena parte de la mañana temprana la dedico pues a ver a Tsoukalos revisitar los greatest hits del fenómeno OVNI como Nazca, Paracas y sus cráneos alargados o la Atlántida. No es que todos estos programas sean novedad para mí, los he visto anteriormente, pero uno siempre acaba descubriendo detalles que le habían pasado desapercibidos en anteriores ocasiones (traducción simultánea: que me encabrono por nuevas manipulaciones históricas y declaraciones de científicos sacadas de contexto).

Son las 10:59 horas y DMAX saca la artillería pesada: comienza el maratón «Ancient Aliens». En las reposiciones de hoy toca hablar en primer lugar del huevo cósmico; descubro con regocijo que este es uno de los pocos capítulos que o bien no he visto o bien no recuerdo haber visto. Sea lo que sea es un subidón. 11:08 horas: falsa alarma, evidentemente sí había visto este capítulo (probablemente algún día echando una siesta).

11:35 horas: he ido aprovechando las pausas publicitarias para realizar diferentes labores domésticas, así que es hora de aprovechar otra para darme una ducha rápida; quiero perderme lo menos posible.

11:46 horas: terminada ya mi labor de acicalamiento, me reengancho a los extraterrestres. Los anuncios ya han terminado pero seguimos con el huevo cósmico.

11:52 horas: Empieza un nuevo capítulo que lleva el subtítulo de «edición especial» y trata sobre «construcciones misteriosas». El corazón en un puño me tienen. Además aparece otro de los grandes expertos, David Childress, no tan efectista en su expresión como Tsoukalos pero tal vez más extremo en sus opiniones. Otro asiduo, Philip Coppens, me recuerda muchísimo a un conocido, pero no daremos nombres que luego todo se sabe.

12:47 horas: empiezo a sentirme somnoliento justo cuando cambiamos de tercio y comienza «Hangar 1: Archivos extraterrestres». Tal vez no debí haberme puesto a picotear en ese corte publicitario de hace un rato, pero ahora ya es tarde porque estamos a punto de descubrir qué son los «puntos calientes»; después otro clásico: extraterrestres en la luna. Aquí me reencuentro con otro viejo conocido y favorito personal, el británico Nick Pope.

14:14 horas: mientras en la pantalla los expertos de MUFON (Mutual UFO Network) no dan pruebas de supuestas bases en la cara oculta de la luna y la historia de un tal Randy Kramer, un adolescente embarcado en una misión secreta para defender la Tierra de los ETs, yo decido que es hora de ir preparando un tentempié. Tranquilos, desde aquí veo la tele. No me lo perdería por nada del mundo además, la historia tiene todos los ingredientes para una buena película de conspiraciones, incluido un hacker -un tal Gary Mckinnon– que consigue infiltrarse en la red de la defensa estadounidense y la NASA y descubre la existencia de «oficiales no terrestres». Para redondearlo, el siguiente episodio habla de encuentros con entidades alienígenas y hombres de negro. Apoteósico.

Entretanto un amigo al que llamaremos simplemente Jota, mi principal enlace con el mundo de las teorías conspiranoicas, se ha sumado a la fiesta y me da detalles vía whatsapp de los supuestos hallazgos de McKinnon y lo que el gobierno de los Estados Unidos quería hacer con él, lo que incluye un billete de ida a Guantánamo. Sin duda los alienígenas del presente tienen mucho más jugo que los del pasado.

15:17 horas: Los hombres de negro siguen haciendo de las suyas y a mí me empieza a entrar sueño…

16:26 horas: Tras algún intento anterior sin demasiada convicción, abro los ojos para descubrir un comercial de condones en la pantalla. En algún momento indeterminado de la anterior hora me he quedado dormido. Mientras que voy dándome cuenta de dónde estoy, cuatro minutos más tarde vuelve «Hangar 1» y me cuesta entender por qué está allí Richard Nixon. La aparición posterior de Bill Clinton me deja claro que no sigo durmiendo, sino que están tratando del conocimiento de los Presidentes de los Estados Unidos saben sobre el tema OVNI. Nixon sabía; a Bill Clinton no le dejaron saber. George Bush padre movía los hilos.

16:58 horas: Vuelven las pirámides… quiero decir, otra vez toca ver «Ancient Aliens». Y con las pirámides vuelve también Linda Moulton Howe, otra de las asiduas a este tipo de programas. Y luego la esfinge.

18:14 horas: Empiezan a flaquearme las fuerzas y consulto el móvil cada vez más frecuentemente.

19:09 horas: «Todos los emperadores chinos se comunicaban con los extraterrestres», Erich von Däniken, con un par.

19:19 horas: decido hacerme unas palomitas para evitar que me entre una pájara.

19:23 horas: apuntad nuevo término: OSNI (Objeto Sumergible No Identificado)

19:44 horas: Capítulo dedicado a Roswell, ya parecía raro… yo me doy cuenta que salvo el paréntesis de la siesta, ya casi llevo doce horas «abducido».

20:06 horas: Acabo de recordar que David Wilcock me recuerda a Beck.

20:38 horas: Dark Side of the Moon, y no hablo de Pink Floyd. Ha comenzado «Aliens en la Luna. La verdad al descubierto», programa que pretende demostrar la presencia de bases alienígenas en la luna a partir de análisis de fotografías oficiales de la NASA. Si bien viendo las imágenes uno puede llegar a pensar que puede haber algo de cierto en todo esto, el documental pierde toda credibilidad cuando se hace eco de una supuesta misión Apolo 20 secreta que llegó a la luna. Una simple búsqueda en Google les habría sacado de dudas, pero parece ser que eso les habría jodido el guión.

A las 22:00, unas catorce horas después de su inicio, acabaría mi viaje; no estaba dispuesto a ver por enésima vez «Stargate». La programación seguiría hasta bien entrada la madrugada del domingo, pero yo ya había tenido suficiente…

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