Zig Zags – Madrid (Wurlitzer Ballroom 16-7-2019)

Sudor y decibelios en una cálida noche de verano

A pesar de residir en la soleada capital del estado más surfero de los que conponen los estados juntos de América, podríamos decir que Zig-Zags son una rara avis que estaría más correctamente ubicada en el bay area, puesto que sus desarrollos musicales están más enraizados con lo que allí se pergeñó en el ocaso de los ochentas.

Aún así, el trío no deja escapar una cierta actitud y trasfondo en sus temas, aunque hay que bucear a fondo en ellos para identificarlo, de su residencia angelina.

Esa amalgama de proto thrash, punk, rock y metal en mayor o menor medida es la seña de identidad de la banda, y una banda seminal y underground como Zig-Zags no podían haber elegido otro escenario mejor que la mítica Wurlitzer Ballroom para su cita en la noche del caluroso julio de la capital del reino donde mostrarnos el porqué de su tirón.

Hacía ya cuatro años que no se dejaban caer por la geografía patria, y a pesar de que los hados no parecían propicios -un martes, segunda quincena de julio-, los Zig-Zags se las apañaron para reunir una cantidad considerable de acólitos.

Para ir abriendo boca, saltaban a las tablas Muerte, otro trío, en esta ocasión naturales del foro, que nos mostraron con una comedida solvencia, en media hora larga de que dispusieron sobre el escenario de la Wurlitzer Ballroom, su propuesta musical, que mezcla con desparpajo el proto rock-metal de finales de los sesenta con unos desarrollos que se enraízan en la prehistoria del rock urbano patrio.

Para muestra, las dos versiones que nos ofrecieron, Black Sabbath y Leño, donde mostraron sus cartas, si es que a alguno no le había quedado claro por las aguas en las que navegan.

Tras ellos, ya con la sala mostrando una buena entrada, saltaban a escena Zig-Zags, que desde el primer momento mostraron a las claras que se iban a dejar la piel en el escenario.

Comandados en todo momento por el hiperactivo Jed Maheu, que en no pocas ocasiones, debido a las melodías y al cercano tono vocal, nos trajo a la memoria la versión adolescente de James Hetfield, mientras entre sudor y compulsiones se desgañitaba en el micrófono sin dejar de exprimir las seis cuerdas a un volumen que pocas veces hemos visto en la Wurlitzer.

Bastante comedida por el contrario se mostró la parroquia, ciñéndose a cabeceos y movimientos espasmódicos puntuales, y que solamente al final de la velada se desataron con algunos intentos de pogos y circle pit entre los allí congregados, pero que fueron tan fugaces que apenas dio tiempo a darse cuenta de ello.

Así pues, encima de las tablas el sudor corría por el cuerpo de los componentes de la banda, empecinados en dejar huella en su incursión capitalina, hasta que tras una hora aproximadamente nos anunciaron el final del concierto, aunque debido a la insistencia del público nos ofrecieran un tema mas de los previstos, en un repaso a todas las épocas de su carrera, aunque mas virados hacia lo que de momento es el mas reciente de sus trabajos, “They´ll never Take Us Alive”.

Sea como fuere, lo que aconteció el pasado martes en los avernos del foro se convirtió en uno de los conciertos mas energizantes de lo que va de este año, en el teóricamente raquítico a nivel de propuestas mes de julio, cosa que por lo visto, era conocida entre los que acudieron a la cita, a juzgar por sus caras de satisfacción al término de la velada, mientras se reunían en el exterior de la Wurlitzer Ballroom, entre camisetas negras y tatuajes, comentando lo que momentos antes habíamos tenido la ocasión de disfrutar.

Muerte
Muerte
Muerte
Muerte
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Zig-Zags
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