Kristonfest 2019 – Madrid (Sala Mon/ La Riviera 10 y 11-5-19)

Siempre hay una primera vez para todo. En esta ocasión, nos encontrábamos con la primera edición en la que el Kristonfest se celebraba durante dos días, y además, en dos salas diferentes.

Dispuestos a dar cuenta de ambas citas, nos acercamos el pasado viernes a la sala Mon, donde teníamos que enfrentarnos a nuestro primer asalto, aunque conociendo de antemano que deberíamos de dosificar nuestras fuerzas, sobre todo sabiendo lo que nos depararía la maratoniana jornada que el Kristonfest nos tenía reservada para la velada del sábado. Puntuales a la cita, no queríamos perdernos una de las bandas que a priori sabíamos que era uno de los tapados de lujo de esta edición.

Haciendo esperar brevemente a los que hasta ese momento se habían congregado en la sala Mon, Årabrot saltaban a las tablas sumidos en claroscuros y neblinas, como si quisieran retrotraernos a la atmósfera escandinava, de la que beben, sobre todo en esos desarrollos melódicos y líricos, y que amalgaman a la perfección con un rock denso, repetitivo, aunque sin caer en la monotonía, y que remueve las vísceras con ese toque atávico que nos saca de nuestra zona de confort.

Algo menos de tres cuartos de hora dio de sí su actuación, aún con la sala comenzándose a poblar, que los mostró sin duda como la banda más novedosa y fresca de esta edición, y ciertamente un grupo al que merece la pena seguir el rastro. Estaremos pendientes de las evoluciones de Kjetil Nernes, Karin Park y sus secuaces.

Tras ellos, y después del ajuste de horarios de última hora para encajar las agendas de las bandas, el cabeza de cartel de la primera jornada saltaba antes de tiempo a la palestra con una cotidianeidad bastante pasmosa, ante el alborozo de sus seguidores, que se habían acercado para poder estar a unos escasos centímetros de uno de los padres del invento sobre el que gravita la ideología del Kristonfest.

Nos referimos, por supuesto, a Nick Oliveri, que en formato trío con sus Mondo Generator nos ofreció una hora larga de frenesí poniendo patas arriba la sala, haciendo evidente el afloramiento de la crisis de la mediana edad entre muchos de los que se hallaban en la platea.

Oliveri dio un repaso principalmente a los temas que él compuso y cantaba en sus épocas pretéritas, tanto con Kyuss como con QOTSA, y hacía efervescer la sangre de los allí reunidos cuando identificaban los acordes de alguna de ellas, amén de los propios de Mondo Generator.

Un tremendo y visceral concierto, aunque entre tema y tema Oliveri pareciera colocar sus controles en modo avión, con un sonido árido y contundente, que ciertamente dejó claro el porqué de su relevancia no solamente en la escena que ayudó a engendrar, sino en el rock en general.

Un concierto directo, áspero, contundente, pero quizás, y esto puede que sea lo más sorprendente hoy en día, honesto.

Y tal y como se habían subido al escenario, sin grandes aspavientos, Mondo Generator abandonaron las tablas dejando una impronta difícil de olvidar.

La tarea no era fácil para Earthless, aunque los de la costa oeste de los estados juntos de América están curtidos en mil batallas, y sabedores que gran parte del público que llenaba la sala eran también sus seguidores, comenzaron a desgranar sus temas, de unos desarrollos casi infinitos, retorciendo las estructuras y los tempos de los mismos hasta casi causar el clímax lisérgico a los oyentes.

Con estos metrajes, solo tuvieron tiempo de mostrar media docena de canciones en la hora y media de que dispusieron sobre las tablas, aunque poco parecía importar a los que allí estaban, imbuidos totalmente en un psicotrópico fin de fiesta para esta primera jornada del Kristonfest.

Con las pilas cargadas, nos disponíamos a afrontar la segunda y definitiva jornada del festival, una velada con cinco bandas, además del fin de fiesta amenizado con sesión musical hasta que el cuerpo aguante o la sala eche el cierre.

Una sorprendente media entrada a primera hora en La Riviera para recibir a The Church Of The Cosmic Skull, que poblaban numerosamente el escenario, nos sorprendió, ya que nos solemos encontrar con salas bastante despobladas cuando la organización anuncia los horarios, y la gente apura el tiempo o prefiere dedicarse a otras actividades en lugar de a amortizar musicalmente su asistencia.

En esta ocasión los de la pérfida albión gozaron, como les adelantamos, de un nutrido grupo de asistentes, que, además, coreaban gran parte de sus temas.

Fisher y su curia tocaron temas principalmente de lo que hasta el momento es su más reciente trabajo, «Science Fiction«, con ese estilo psicodélico setentero que recuerda igualmente al disco más irreverente y al rock psicodélico mas irredento.

Se mostraron como una excelente elección para abrir la jornada central de esta edición del Kristonfest, y esparcieron ese luminoso e hipnótico halo, blanco como sus ropajes sobre la sala.

Pero si creían que todo iba a ser tranquilo, se equivocan. Tras ellos llegaban Dozer, que se reivindicaron como uno de los imprescindibles triunfadores de la noche.

Formando parte de la invasión nórdica que en esta edición poblaba numerosamente el cartel del festival, dejaron claro desde el primer momento que no iban a dar tregua en ningún minuto de la escasa hora que estuvieron sobre las tablas de La Riviera, a pesar de que, como Fredrik Nordin nos dijo, hacía quince años que no se dejaban caer por la geografía patria.

Actitud a raudales, y una hiperactividad exacerbada de Holappa y Rockner que contrastaba con la menos histriónica de Nordin y Mårtans, fue dando forma a una actuación redonda en la que si podemos poner algún pero, fue el corto sonido de que dispusieron. Sudor y pogos en platea y el listón muy alto para el resto de participantes.

Llegaba el turno de uno de los pesos pesados de la noche, los teutones Kadavar. El trío nos mostró su habitual repertorio de poses y melenas al viento mientras los temas más representativos de su carrera iban cayendo. Un listado de canciones hecho a medida del festival, en el que Kadavar eligió quizás sus composiciones mas monolíticas, lo cual quizás lastró un poco su actuación hacia una monotonía rítmica. Aunque los de la ciudad del muro tienen tablas, temas y seguidores para enderezar cualquier entuerto, la elección pudo hacer que no alcanzaran el olimpo en esta noche.

Tras ellos, y un poco de retraso en el reloj para poner todo a punto, tras la intro con sonidos alusivos al nombre de la banda, The Hellacopters hacían su particular toma de la bastilla en La Riviera.

Mucho se ha hablado de la reunión de la banda, sus motivos y sus nuevas composiciones, pero mas allá de todas las controversias, los dimes y diretes, lo que quedó claro esta noche es que muy pocos pueden facturar un concierto como el que llevaron a cabo los de la ciudad de las catorce islas.

Un listado de canciones muy compensado, alternando temas de su etapa más reciente, los menos, con los de su primera época, que a la sazón fueron los que más efusivamente recibían desde la platea, y de sus proyectos en solitario, hizo que el concierto no perdiera intensidad, ni siquiera en esa parte central donde se empeñan en aglutinar los temas más calmados.

Por supuesto, no faltaron las poses, los molinillos y las posturita, aunque mas comedidas que antaño, pero un concierto de The Hellacopters sin esto no sería lo mismo.

Buen sonido, pulcritud medida en la ejecución, y un volumen que si bien podría haber sido mejorable, podemos calificar de suficiente, hicieron el resto para que los de Andersson se alzaran con el cetro del Kristonfest, al menos en su jornada central.

Realmente, si facturan bolos de este calibre, y podemos dar fe de que es así, nos importa poco la razón de su vuelta, y esperamos que nos sigan dando veladas como esta por un largo tiempo.

Un bis de tres temas que cerraron con Dregen saltando desde sus amplis en «(Gotta Get Some Action) Now!«. El rock sigue vivo.

Los encargados de poner la guinda al pastel fueron Turbowolf. Los de Chris Georgiadis, que se hizo completamente con el poder sobre las tablas, nos mostraron su amalgama de estilos, cimentados principalmente en el rock y metal alternativo, que tras una larga velada, todavía se puede atrapar a los que quedaban en la sala y ofrecer un concierto refrescante.

Tras ellos, todavía seguía la fiesta para el que quisiera continuar hasta el cierre del Kristonfest. Nocotros nos retiramos a nuestros cuarteles, dispuestos a pensar en la próxima edición.

Årabrot
Årabrot
Årabrot
Årabrot
Årabrot
Church of the Cosmic Skull
Church of the Cosmic Skull
Church of the Cosmic Skull
Church of the Cosmic Skull
Church of the Cosmic Skull
Dozer
Dozer
Dozer
Dozer
Earthless
Earthless
Earthless
Kadavar
Kadavar
Kadavar
Kadavar
Kadavar
Mondo Generator
Mondo Generator
Mondo Generator
Mondo Generator
Turbowolf
Turbowolf
The Hellacopters
The Hellacopters
The Hellacopters
The Hellacopters
The Hellacopters
The Hellacopters

 

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