Mark Guiliana – Madrid (Café Berlín 4-5-2019)

La sombra del duque blanco es alargada

Mark Guiliana – Madrid (Café Berlín 4-5-2019)
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Al amparo de los grandes artistas del olimpo musical siempre es donde se cuecen las habas. No tenemos más que pensar en la multitud de músicos de calado que han emergido tras haber formado parte del acompañamiento y vestuario musical que estos artistas pergeñan. Ya se sabe que la exigencia de estos es en parte lo que les hace únicos, y conocedores de ello, los que tienen la oportunidad de formar parte de esta selecta minoría de elegidos, suelen ver catapultada su carrera tras la experiencia.

La más reciente hornada de los músicos que acompañaron al duque blanco, con los cuales concibió su último disco en vida, sabedor de que esta se le escapaba por momentos, no son una excepción. De entre ellos vamos a destacar a Mark Guiliana, que este pasado sábado tenía una cita en la capital del reino para presentar lo que por el momento es la primera entrega discográfica de su más reciente proyecto, Beat Music, que con homónimo título ha visto recientemente la luz.

Sobre las tablas, el cuarteto formado por un inmenso Chris Morrisey al bajo y unos altamente resolutivos Sam Crowe y Nicholas Semrad a los teclados, samplers y programaciones, y con Guiliana y su batería, amén de encargarse así mismo de secuencias y algún que otro excéntrico achiperre, se mostró compacto y solvente.

Un pulcro y cristalino sonido ayudó a distinguir claramente los matices de las composiciones, que mostraron la complicidad y las muchas horas de trabajo conjunto que atesoran en común, además del muy elevado nivel instrumentístico de todos ellos.

Uniformados con un chandal amarillo con capucha, el baterista y sus acólitos nos mostraron ese post jungle con ramalazos jazz y ambient, y pinceladas de math pop, retazos de surrealismo y alguna que otra boutade que componen el universo sonoro de esta nueva etapa que Guiliana abre en su trayectoria.

Alejado, aunque con algún nexo en común, de su etapa, llamenosla así, jazzística, se nos presenta como un proyecto en el que no aparece demasiado espacio para el lucimiento personal, que podría acaparar quizás el notable trabajo de Morrisey a las cuatro cuerdas, y sí a una completa contención, basándose y ciñéndose casi con total exclusividad a mantener un exquisito groove que cimenta a modo de pegamento las composiciones del cuarteto.

Aproximadamente una hora después del comienzo del concierto, la banda se retiró al camerino, dando por concluido el concierto, aunque volverían a ofrecer otra hora adicional en un segundo pase en el que prometían intentar ofrecer variaciones sobre sus temas, por aquello de la diferenciación, y ofrecer algo distinto tanto a los que se incorporaban de primeras, como los que se mantuvieron para asistir a ambos pases.

Lo que hace Mark Guiliana no es nuevo. Esa sucesión de ostinatos, progresiones, amalgamas de compases, desarrollos atmosféricos y sobre todo algunas elucubraciones hiperrítmicas atacadas con el histrionismo de sobre todo Morrisey pero del resto del cuarteto en mayor o menor medida, la fusión de unos rítmos que beben del  post jungle y drum and bass, su maridaje con pasajes etéreos y ambientales y con ese punto de locura que por momentos nos retrotrae a unos Devo pasados de vueltas, a los cuales nos recordaba incluso el estilismo de la banda, nos muestran que poco o casi nada queda ya nuevo bajo el sol.

No obstante, la revisión de Mark Guiliana aporta frescura que en cierta manera le da un carácter mucho mas orgánico al desarrollo a priori mas frío del formato que nos presentan.

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