Last Great Dreamers – Zaragoza (30-4-2019)

Podría empezar esta reseña quejándome de la poca gente que se acercó a la mítica La Ley Seca la víspera de un festivo para ver un concierto de rock. Podría también completar la queja haciendo alusión a la media de edad de ese público que sí que se decidió a acudir al local de la calle Sevilla el martes por la noche. Pero estaría por un lado volviendo a terrenos que ya he transitado en numerosas ocasiones y en los que creo que, ya a estas alturas al menos, no merece más la pena ahondar, y por otro estaría desviando la atención de lo que de verdad importa.

Last Great Dreamers son uno de esos grupos con una historia bastante común dentro del rock, lo que incluye disco altamente valorado por la crítica pero con no demasiada repercusión fuera del circuito de los enterados («Retrosexual» de 1994), separación temprana, puñado de fans leales que mantienen viva la llama, reunificación algunos lustros después acompañado del lanzamiento del consabido disco de rarezas («Crash Landing in Teenage Heaven» de 2014) y vuelta a la carretera y al ciclo de disco-gira que ya nos ha dado dos lanzamientos más (los muy recomendables «Transmissions From Oblivion» -2016- y «13th Floor Renegades» -2018-). Nada que nos suene demasiado extraño, en definitiva. Sin embargo, podemos sacar una lección muy valiosa que puede sonar a moraleja de telefilme de sobremesa de fin de semana pero que es muy cierta, y es que persigas tus sueños, porque en última instancia es lo único que puede sacarte de una vida anodina.

Pareciera al ver en directo a una banda como Last Great Dreamers que eso es precisamente lo que están haciendo los británicos. Porque a pesar de no ser ya unos chavales, se les ve con ilusión y ganas para seguir subiéndose sobre un escenario, aunque sea delante de unas 25-30 personas. Su música en vivo adquiere unos tintes más rockeros y menos melódicos que sus referentes discográficos, pero eso no va en detrimento del espectáculo sino más bien al contrario.

A eso de las 22:35 el grupo se lanzó a un repertorio que arrancó con «Primitive Man», el primer single de su último álbum, y que dió la impresión de que concentraba el material más rockero en sus inicios, en los que el grupo fue enlazando sin solución de continuidad haste tres temas. Serviría este arranque para calentar a un público que parecía estar difrutando de lo que veía, que no es más que una banda de puro y simple rock and roll con ciertos toques del glam setentero que les confieren cierto aire power popero. Pero esta simplista descripción no quita que a mí personalmente me recuerden por momentos -y siempre salvando las enormes distancias- a grupos como Space Age Playboys -la voz de Marc Valentine en ocasiones puntuales- o D Generation -algunos solos de Slyder-. Y puede que no sean técnicamente la mejor banda del mundo, pero tienen canciones con verdadero gancho que en otra época o en un universo paralelo se convertirían en hits globales.

Así, con un repertorio regado con lo mejor de su discografía y guiños al «Breaking the Law» de Judas Priest o a ese casposo hit hispano titulado «Eva María», el grupo ofrecería un set de una hora y veinte minutos de concierto aproximadamente que serían coronados con un único bis tras la consabida presentación de la banda, «Oblivion Kids». El público cantó, río y en definitva se lo pasó bien, por lo que el balance tiene que ser muy positivo para la segunda visita de esta banda, un grupo para el que no se me ocurre mejor calificativo ahora mismo que el de entrañable.

Fotos: Vicente Cabello Herrero

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