Glenn Hughes performs classic Deep Purple – Madrid (Teatro Nuevo Apolo 2-4-19)

Podríamos comenzar por el manido tópico de las leyendas, de los dinosaurios del rock, de los padres del invento, del misticismo, de la dificultad que conlleva el mantenerse a flote en el universo de la música popular, de los excesos y otras zarandajas para rellenar de manera ramplona y pobre con palabras huecas esta disertación sobre lo que vivimos en el concierto que Glenn Hughes en la capital del reino.

Les vamos a ahorrar toda la verborrea, porque si conocen a Glenn Hughes, no son necesarias muchas más explicaciones.

Presentaba Hughes una de las citas de su gira en la que repasa su etapa con uno de los totems del rock, Deep Purple, tocando temas de los que formó parte, con lo cual no se nos ocurre nadie más autorizado que el para revivirlos sobre las tablas en lo que se antojaba como una ocasión ineludible para los amantes del género.

Digno de ver fue el mosaico de diversidad generacional que poblaba las butacas de la platea y las gradas del Teatro Nuevo Apolo, entre las cuales se amalgamaban las generaciones que en algún momento de su vida habían conectado con el anfitrión en cualquiera de sus etapas vitales en la música, que, como él mismo nos decía en la pausa de algún tema, ha dado para mucho.

Glenn Hughes saltó al escenario con la energía de un treintañero, mostrando estar en plena forma física, instrumental, pero sobre todo, vocal. Dió una verdadera clase magistral de modulación y de poderío, con momentos en el que su falsete llegaba a las notas más altas sin aparente esfuerzo, y no conformándose con ello, se permitía el juego vocal en estas tesituras. Un mérito doblemente notable teniendo en cuenta que Hughes, tras haber abandonado, por lo que parece a tiempo, el uso y abuso de sustancias psicoactivas, alcanza la notable cifra de sesenta y siete primaveras a sus espaldas.

Hughes no faltó a su palabra y ofreció un repertorio basado en temas de su etapa con Deep Purple, con alguna adición notoria de otras épocas, como el mil veces repetido «Smoke On The Water«, que recibido con algarabía por el público, Hughes apenas estiró, suponemos que por no empalagar, y más o menos fusionó con «Georgia On My Mind«, tras lo que se retiró del escenario, para volver y ofrecer un poderoso «Burn«, tema con el que acabó poniendo punto y final a las casi dos horas de música -incluyendo el tempranero solo de batería-, que compusieron el concierto.

Glenn Hughes se mostró habilidoso a la hora de pergeñar su listado de canciones, pocas pero con espacio a la improvisación, e incluyendo el mencionado, y también perfectamente prescindible solo de batería, aunque no lo hizo tanto como antaño era costumbre, que como les comentábamos antes estaban centradas en su etapa «de estudio» con Purple, e incorporando temas con los que la banda nodriza no se prodigó mucho en directo, con lo cual la personalidad del espectáculo fue, si cabe, más singular.

Y es que Hughes es el epítome del rock, pero del rock con mayúsculas. De cuando el rock trascendía lo meramente musical, y se convertía en una apuesta, en una filosofía, en una forma de vida que abarcaba totalmente el espectro de aquel o aquellos que abrazaban su religión.

Con más tablas encima que el fuerte de comansi, Hughes nos regalaba poses, guiños y su siempre perfecta sonrida profidén, además de mostrarse cercano y comunicativo, a la vez que agradecido, por la respuesta recibida.

Pero lo más importante que nos regaló esa noche fue su música. Un concierto honesto, sentido y con una entrega que no solemos ver con asiduidad sobre las tablas.

No le importó, aparentemente, que el recinto elegido no fuera el mejor para dar cabida a su espectáculo, ya que las butacas en las que se hallaban embutidos los que allí se congregaron, y la tendencia al sedentarismo de los mismos, hicieran que no se levantaran de sus asientos en la mayor parte de la velada.

Quizás si en recinto hubiera sido abierto y con posibilidad de acercarse más al escenario, el resultado hubiera sido incluso mejor de lo que lo fue la noche del pasado martes, en la que nuchos hemos tenido la oportunidad de asistir a uno de los conciertos que se llevan grabados en la memoria.

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