Florence + the Machine – Madrid (WiZink Center 21-3-2019)

No pensabamos que el tetris fuera una de las aficiones de Florence Welch, pero el compartimentado espacio del antiguo pabellón de los rebotes nos mostraba las diferentes castas y sus diferenciados habitaculos dentro de los seguidores de la pelirroja y su banda.

En derredor de un escenario confeccionado a medida, con formas sinuosas para dar más brillo a la liturgia pero convenientemente camuflado para no mostrar su forma concreta hasta la hora señalada, se iban apelotonando los fieles de la banda.

Los Young Fathers, un acelerado trío que golpeaba los diversos tambores y platillos ubicados en el exiguo espacio de que disponían, entre secuencias y samples de un proto soul tribal con obsesivas repeticiones rítmicas y sonoras, se esforzaban en el intento de conexión con los que habían sido madrugadores, si es que se puede madrugar a las 8 de la tarde, preocupados más por tener una buena ubicación que por los desarrollos de la banda, que a pesar de ello no se rindió en la media hora de que dispusieron y derrochó energía sobre las tablas.

Tras ellos, una muda de piel nos mostró con todo detalle el montaje escénico que la banda tiene preparado para esta gira, que es homónima al que es su mas recientemente publicado trabajo discográfico,”High As Hope”. Maderas claras a modo de estratos como si de un mapa topográfico se tratase, sobre el cual se hallaban a diferentes alturas y planos las distintas ubicaciones de los miembros de la banda, y que hacía que el conjunto general, muy orgánico, añadiera una calidez visual y cromática que más tarde vimos que es la marca de la casa en esta gira.

Tras la aparición de su banda, The Machine, hizo acto de entrada Florence Welch, ataviada con un vaporoso vestido color asalmomado con transparencias y mucho vuelo para reforzar y resaltar sus movimientos y devaneos acrobáticos a lo largo y ancho del escenario. Welch saltó a las tablas descalza, ahí comprendimos por qué se afanaban en limpiar el escenario para que mantuviera esa prístina apariencia. El sutil y cálido juego de luces, así como las telas crema que subían y bajaban de la parte superior del escenario, elevadas sobre el mismo a modo de velas, acababan de dar un envoltorio muy cuidado y aterciopelado para reforzar las evoluciones musicales de Florence And The Machine.

Ante la abarrotada sala, que suponemos que si no consiguió colocar el cartel de entradas agotadas, estuvo al borde, notamos desde el primer momento la rendición total y sin condiciones de los allí congregados no solo cuando abrían el concierto con “June”, sino desde el momento mismo en el que Welch apareció entre bambalinas. Así transcurría la liturgia, entre temas que principalmente formaban parte de “High As Hope”, y algunos clásicos de anteriores etapas.

Comunicación sentida y agradecimientos al público, algún que otro alegato no demasiado camuflado hacia y en contra del Brexit, y peticiones al público que variaron entre el reparto de abrazos y estrechamiento de manos, momentos para el alegato feminista, amén de la petición de retirada de móviles, que curiosamente pidió que se usaran a modo de modernas versiones del clásico mechero durante “Cosmic Love”, y una inesperada salida del escenario para desplazarse hasta el lugar donde estaba ubicada la mesa de sonido, y desde ahí, por el medio del recinto, entre el público, regresando al escenario durante los dos últimos temas, fue lo que aconteció durante y entre los temas que iban cayendo esta noche.

Después de una breve desaparición, retornaron de nuevo para ofrecer un par de temas adicionales, con los que dan por concluida la liturgia, con el pabellón al completo rendido a sus pies.

Un sonido perfecto, sobre el que sobresalía la voz de Welch, impertérrita, poderosa e impoluta en todo momento, a pesar de sus saltos, carreras, pasos de baile y demás zarandajas que la tuvieron sin parar durante la velada.

Welch es completamente consciente del poderío hipnótico de su torrente vocal de altos y bajos, y lo utiliza a la perfección para modular los tiempos a su antojo.

La ampulosidad con la que se mueve, por momentos excesiva, forma parte de su propia idiosincrasia, y eclipsa en todo momento cualquier cosa que no sea ella misma, incluida esa banda de excelentes músicos que la acompañan.

Quizás motivado por el enorme peso de “High As Hope”, el concierto adoleció de no pocos momentos difíciles de levantar por su obstinación en la intimidad de los temas, aunque Welch se sabe poseedora de esa carta que le hace ganar todas las manos, y que es la admiración y rendición absoluta de sus seguidores y la utiliza a placer.

Una hora y media que quizás hubiera sido más amena si el repertorio y los excesos hubieran sido comedidos, pero que representó la comunión completa de los feligreses con sus deidades, poblando de buenos momentos y recuerdos que permanecerán en la memoria de los que allí acudieron.

Al fin y al cabo, eso es lo que importa, ¿o no?

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