Bloodbath – ‘The Arrow of Satan Is Drawn’ (Peaceville 2018)

Una buena dosis de maldad para todas las celebraciones tan entrañables del fin de año

Bloodbath – ‘The Arrow of Satan Is Drawn’ (Peaceville 2018)
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Brutalísimo regreso el que se han marcado Bloodbath, grupo al que el calificativo de «super banda» le viene que ni pintado: en la actualidad completan la formación el británico Nick Holmes (Paradise Lost) a las voces, junto a los suecos Anders Nyström (Katatonia) a la guitarra, Jonas Renkse (Katatonia) al bajo, Joakim Karlsson (Craft) que debuta a la segunda guitarra y Martin Axenrot (Opeth) a la batería.

Lo tenía difícil el quinteto para superar el listón que marcaron con su anterior «Grand Morbid Funeral», editado hace ya cuatro años y que supuso el debut de Holmes en la formación (recordemos que sustituyó al jefe de Opeth, Mikael Akerfeldt). En «The Arrow of Satan Is Drawn» la banda sin embargo parece haber querido llevar más allá su agresión sónica con un disco que supura maldad y mal rollo ya desde su diseño (impagables las fotos del grupo caracterizados en plan zombie).

Este quinto álbum del combo fue registrado en la primera mitad de este año por la propia banda en varias localizaciones (repiten sus habituales Ghost Ward y City Of Glass de Estocolmo, añadiendo además en esta ocasión los Tri-Lamb Studios), contando con el apoyo de Karl Daniel Liden en los controles. Como curiosidad mencionar que en el segundo tema, «Bloodicide», Bloodbath cuentan con tres invitados especiales: Jeff Walker de Carcass, Karl Willetts de Bolt Thrower y Memoriam y John Walker de Cancer.

¿Y qué podemos decir de la música? Pues que estamos ante una brutalidad detrás de otra durante los aproximadamente cuarenta minutos que ocupan los diez cortes. El inicio con «Fleischmann» no deja lugar a muchas dudas: estamos ante un álbum de puro death brutal sin concesiones. Y los otros nueve temas por supuesto no se quedan atrás, de modo que cuando el reproductor se queda en silencio tras «Chainsaw Lullaby» (un tema por cierto donde sobrevuela por momentos la sombra de Motörhead, así que de nana… ná de ná), si el oyente ha sobrevivido a semejante vapuleo sonoro, no le queda otra que quitarse el sombrero con cuidado de que no vaya la cabeza detrás después de semejante sesión de head banging extremo. Por cierto, yo estoy enganchado a «Warhead Ritual» y «Only the Dead Survive».

Una buena dosis de maldad para la recta final de año y todas esas celebraciones tan entrañables que nos esperan.

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