Sin in the Flesh – ‘Sheer Acoustic’ (Crazy Sandwich 2018)

Uno de esos discos que cuando acaban impulsan al oyente a pulsar de nuevo el "play"

Sin in the Flesh – ‘Sheer Acoustic’ (Crazy Sandwich 2018)
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Hace un tiempo os comentamos por aquí el disco de debut de Sin, proyecto unipersonal del madrileño Samuel Ortiga que nos causó una muy grata impresión cuando cayó en nuestras manos.

Y tanto nos sorprendió aquella primera obra de Sin que decidimos dedicarle una de nuestras “canciones del día” (ver contenido aquí) y preparar una entrevista con el protagonista (disponible aquí). En ella descubríamos a un músico con personalidad que hacía gala de una cierta arrogancia y de no tener muchos pelos en la lengua. Nos caía bien.

En el año y poco que ha transcurrido desde entonces, Samuel/Sin ha reclutado a dos músicos que le acompañan en esta nueva aventura (Adrián Espinosa -batería- y su hermano Jesús -guitarra-), ha cambiado el nombre del grupo a Sin in the Flesh, ha abierto para algunos grupos internacionales (los últimos hace nada los suecos Spiders) y ahora se nos presenta con “Sheer Acoustic”, este nuevo lanzamiento de canciones desenchufadas que, nuevamente, nos ha dejado con la boca abierta.

Se trata de una obra compuesta por siete temas, cuatro nuevos (“Beaver”, “Bumble Bee”, “Get It On” y “Just Making Love”) y tres que ya aparecían en aquel primer largo (“Hoochie Koochie Woman”, “Rock N’ Roll Heart” y “She Don’t Speak Words”). Para mí la extensión perfecta para un disco de estas características (incluso diría que se queda un pelín corto).

Y puede uno llegar a pensar que, a estas alturas, no hay mucho que pueda decirle un disco acústico; Sin in the Flesh sin embargo consiguen darle una nueva vuelta de tuerca al concepto. Y probablemente sin siquiera pretenderlo. Porque se nota que la única pretensión de “Sheer Acoustic” es simplemente dejar fluir la música en un formato -el acústico-, que no permite muchas florituras ni sobreproducciones. Samuel ha desnudado aquí su música dejando a la vista los huesos que la mantienen.

Y sorprendentemente las que ganan son las canciones, que desprovistas del maquillaje de la electricidad parecen sin embargo contar con más matices, por muy paradójico que esto parezca. También parecen haberse acentuado las influencias de los Beatles, aunque curiosamente “She Don’t Speak Words” a mí me recuerda más a otra banda fanática de los de Liverpool, los norteamericanos Enuff Z’Nuff.

Al final, el disco pasa en un suspiro y uno se siente impulsado casi automáticamente a pulsar de nuevo la tecla del “play”. Supongo que ese es el mejor piropo que se le puede dedicar a un disco. Me declaro fan de este tío.

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