Una colección de 300.000 vinilos

La Biblioteca Nacional alberga una extensa colección de registros sonoros

Hace unos días la web de la Biblioteca Nacional de España publicaba un artículo sobre su colección de registros sonoros, concretamente sobre su importante colección de discos de vinilo. La institución bibliotecaria cifra en unos 300.000 los discos que conserva en este formato, una parte de los cuales por cierto está todavía sin catalogar según reconoce la propia BNE, aunque también afirma que esta es una de sus prioridades. Ya se sabe, la falta de medios materiales y de recursos humanos ha sido siempre un mal endémico en el área cultural pública, pero ese es otro tema. Sea como fuere, según la institución, se trata de una de las mayores colecciones en este formato a nivel nacional.

Para los que no estén muy familiarizados con el mundo bibliotecario (citando a Matthew Johnson, uno de los fundadores de la prestigiosa discográfica independiente Fat Possum Records, «sé que la mayoría de nuestra base de fans está formada por personas que no leen demasiado bien»), es necesario recordar cómo se nutre de fondos una entidad como la Biblioteca Nacional: en el año 1958, la Ley de Depósito Legal estableció la obligación de depositar en la BNE al menos una copia de toda publicación impresa o sonora. Si habéis autoeditado alguna vez algún disco os habrá tocado depositar varias copias de vuestro álbum; ahora ya sabéis la razón.

La BNE guarda así copia de todo lo que se ha publicado en España (y en ocasiones se hace también con copias de obras editadas en otros países pero referidas a temática española, pero esto también es otro tema), siempre y cuando haya sido mediante cauces oficiales, claro, con el objetivo de preservar toda muestra cultural para las generaciones futuras. De ahí esa cifra de 300.000 LPs y singles que, a la luz de esto, se antojan incluso hasta pocos.

En el artículo que ha motivado este texto se citan además la variedad de formas, dimensiones, colores y hasta presentaciones que se pueden encontrar entre los discos que conserva la BNE. Y no es desdeñable la parte de la colección que recoge programas de radio o grabaciones con la voz de poetas, como Neruda por ejemplo, algo que va en la línea de esa labor de preservación que es un horizonte primordial en las tareas de la BNE.

Así que la próxima vez que oigáis hablar sobre una biblioteca, en lugar de pensar en señoras malhumoradas con moño y gafas que te mandan callar, tal vez deberíais reconocer la labor de estas como fuentes de cultura para toda la sociedad e incluso, como habéis aprendido por este artículo, lugares donde se conserva vuestra música favorita. Y no quiero entrar en la importantísima labor que realizan las bibliotecas en los pueblos pequeños dinamizando su vida cultural porque sería material para otro artículo. Porque sí, las bibliotecas actuales distan bastante de la imagen clásica que normalmente tiene la gente de los depósitos de libros. Y para muestra una anécdota personal: cuando era estudiante, allá por la edad de los metales, visitaba frecuentemente la biblioteca pública de la ciudad en la que resido para hacerme con discos que mi exiguo presupuesto no me permitía comprar. ¡Apoya tu biblioteca local!

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