La red social

Atrapados como estamos en la telaraña, a veces no vemos la manipulación de la que somos objeto

La red social
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Hace un tiempo escribí sobre la marcha una pequeña reflexión en Facebook que, ante mi sorpresa, recibió bastante más atención de la esperada, siendo uno de nuestros posts en esa red social más exitosos de los últimos tiempos. El medio sin embargo no era el más adecuado para escribir algo lo suficientemente extenso como para tratar el tema con la profundidad mínima, por lo que desde el mismo momento de su concepción, la intención fue la de retomarlo en algún momento para ampliarlo un poco y publicarlo en esta web. Vamos, que básicamente utilicé la red social como un bloc de notas donde dejar constancia de un borrador antes de que se me olvidara la idea (algo que me ocurre con demasiada frecuencia, creédme).

Comenzaba aquel texto recordando la frase apócrifa atribuida a Felipe II sobre la derrota de la llamada Armada Invencible. Lo que sigue es el texto original:

Como dijo aquel, nosotros no hemos venido aquí a luchar contra los elementos. Pero así están las cosas y, como el coletas, nos lo tenemos que comer con patatas. Lidiar con Google es una batalla en la que al menos conocemos las reglas, pero luchar contra Facebook se está demostrando que es la guerra más dura a la que hayamos tenido que hacer frente no solo las webs independientes, sino incluso la noción de un internet libre.

Imagina un futuro en el que una corporación te dice lo que puedes y lo que no puedes ver; un ente que minimiza el impacto de unas noticias mientras que aumenta artificial e interesadamente el de otras. Pues ese “futuro” ya lo tenemos aquí y se llama Facebook, el escaparate de todas las vanidades en el que solo parecen importar las nimiedades.

En el fondo es la misma historia de siempre: los grandes medios de comunicación han manipulado -y manipulan- la información en base a sus intereses político-económicos y/o líneas editoriales, ¿cierto? No debería sorprendernos entonces.

El problema viene cuando caemos en la cuenta de que uno puede elegir qué medio tradicional de comunicación puede ver/leer/escuchar; incluso puede seguir varios y así hacerse una idea más caleidoscópica de la realidad. En Facebook, sin embargo, el usuario está sujeto a un oscuro algortimo que selecciona lo que alguien cree que necesitamos ver/leer/escuchar. Moldean nuestros intereses de tal manera que incluso creemos que tenemos más libertad porque podemos acceder a esas cosas que en otros sitios no nos cuentan.

La forma más efectiva de manipulación es la de silenciar, no dar voz ni permitir que se escuche al disidente. Y tal y como están las cosas, de aquí a 1984 nos queda nada.

Apuesto dos cosas: primero, que este post no se lo va a leer ni el tato; y segundo, que los que lo lean no van a querer compartirlo ni hacer clic en el botón de “me gusta” en masa.

Bueno, pues obviamente me equivoqué: la gente leyó el post, reaccionó e incluso lo compartió. Y por una vez es agradable que lo hagan porque están de acuerdo o les gusta lo que dices y no porque creen que no tienes “ni puta idea”, como suele ser lo habitual.

Efectivamente, la situación de monopolio en la práctica de Google obliga a los webmasters a bajarse los pantalones en más ocasiones de las recomendables y pasar por el aro. Porque quien no aparece en las dos o tres primeras páginas de resultados de Google no existe, así de simple. Pero lo bueno que tiene Google es que todo programador que se precie sabe, con mayor o menor pericia, jugar a su juego. Con Facebook las reglas sin embargo están más difusas, y si no pasan por el “pagar por publicar” como estoy llegando a la conclusión, uno no sabe ya cómo funciona. Porque es imposible saber por qué silencia unos posts en favor de otros ni cómo contrarrestarlo.

Una cosa parece bien clara: se valora más la cantidad de interacciones en detrimento de la calidad de estas, lo que significa que un zoquete que se pase la vida despotricando en Facebook probablemente tendrá mucho más valor de cara a su algoritmo (curiosamente había escrito por error “algorTIMO”) que alguien que solo postee de vez en cuando e interactúe lo mínimo con otros usuarios, aún cuando tenga opiniones bien fundamentadas y respetuosas. Como véis, la inteligencia artificial todavía dista mucho de ser verdaderamente “inteligente”.

En cualquier caso esto al usuario de a pie podría traérsela al pairo: ni paga ni utiliza Facebook en la mayoría de los casos más que como una manera de pasar el rato. Bien, no estaría de más recordar que cuando un servicio no se paga es porque el provecho se saca directamente de ti (en este caso tus datos personales, lo que incluye tus hábitos de consumo, tus gustos, etc.), o incluso moldeando tus opiniones (léase la difusión de fake news en las últimas elecciones presidenciales estadounidenses). Puede que aún así a muchos les siga dando igual, pero qué queréis que os diga, esto podría ser el primer paso para el control efectivo de las masas desactivando lo que el sistema considere pernicioso para su supervivencia. ¿Qué parece de novela? Vale, pero por si no os habéis dado cuenta estas cosas ya están pasando y en lo quea nosotros nos atañe más directamente, la homogeneización cultural ya es un hecho.

A veces me pregunto cuál es mi verdadero éxito como editor de un magazine online como el nuestro; y esto es porque realmente no puedo saber cuánta de nuestra repercusión se debe a nuestro valor como medio de información o a nuestra pericia técnica. ¿Realmente nos merecemos estar donde estamos? ¿Deberíamos estar mucho más arriba? ¿O tal vez más abajo? La mayor parte del tiempo estoy convencido de que estamos muy infravalorados, pero realmente no tengo forma de saberlo.

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