Jetbone – ‘Come Out and Play’ (BMG Scandinavia 2018)

Un disco de producción perfecta y hits redondos... pero tal vez demasiado limpio

Jetbone – ‘Come Out and Play’ (BMG Scandinavia 2018)
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Los suecos Jetbone volverán a nuestro país a finales de este mes de abril (consultar fechas aquí) y lo harán con nuevo disco bajo el brazo. Se trata de este “Come Out and Play” (nada que ver con aquel tan pegajoso como detestable hit de los años 90), una obra que verá la luz oficialmente el día 20 del mes que viene, prácticamente una semana antes de que nos visiten.

Para este tercer trabajo, una obra que lanzan ya con una multinacional y que debería representar su consolidación, la banda trabajó con el productor Martin Karlegard y las mezclas han corrido a cargo del conocido Stefan Glaumann (Rammstein, Backyard Babies).

La primerísima impresión que uno se lleva al reproducir este nuevo opus de los suecos es de desconcierto. Unas bases de rock and roll hedonista y bailable, con toques de rock mainstream de los 90, sorprenden saliendo de los altavoces sin previo aviso. Se trata del tema que da título al disco, una canción que una vez asimilada parece la perfecta tarjeta de presentación para un álbum que hay que decir que no se queda en eso simplemente.

Conforme se suceden los primeros temas, se va descubriendo un disco de una marcada ascendencia Stone. Me recuerda en cierto modo a lo que hicieron en su momento Primal Scream -al menos en concepto-, aunque las raíces del combo sueco parecen hundirse más profundamente y abarcar más territorio dentro de las tierras rockeras que las de los británicos entonces. Faces, rock americano, aromas sureños e incluso Beatles se pueden intuir en estas diez composiciones. Todo muy bien traido. Para el arranque de la cara B (así está organizado el disco, como un antiguo LP), o lo que es lo mismo, en el tema “Lady”, cambian de tercio y parecen una especie de Led Zeppelin que estuvieran inspirándose en “Evil” de Howlin’ Wolf.

El caso es que uno no puede dejar de pensar en cierta premeditación en la construcción de estas canciones: tras una producción perfecta se esconden una serie de composiciones que parecen buscar un sonido predeterminado. Y no es que esto sea malo per se, pero sí que puede restar un poco de espontaneidad a los resultados, que acaban sonando demasiado limpitos para mi gusto. Vamos, que solo falta ponerles el lazo.

Con esto no quiero decir que el disco no sea disfrutable. Lo es y mucho, y que además estemos hablando de un disco relativamente breve lo hace todavía más redondo. Además hay varios hits impepinables (“Chickadee” sin ir más lejos, con ese aire a The Black Crowes) y es muy divertido, esto es incuestionable. Pero me queda la duda de si dentro de un par de años lo seguiré teniendo presente o se convertirá en otro de esos álbumes que te enganchan durante una temporada pero que después olvidas.

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