Kim Wilde – ‘Here Come the Aliens’ (earMUSIC 2018)

Un disco totalmente comercial pero no por ello exento de calidad

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El próximo día 16 de este recién comenzado mes de marzo se pondrá a la venta el decimocuarto álbum de la británica Kim Wilde. Con el título de “Here Come the Aliens”, este nuevo trabajo de la intérprete de “Kids In America” viene producido de nuevo por su hermano Ricky Wilde, como no podía ser de otra manera dado que esta asociación fraternal se ha mantenido desde los inicios de la carrera de la vocalista. Ricky incluso pone su voz en “Pop Don’t Stop”.

Probablemente muchos encuadren a Kim Wilde únicamente como cantante de cierto éxito en las listas mainstream durante los años 80, pero lo cierto es que la cantante ha seguido publicando discos con cierta regularidad desde entonces, aunque se tomara un descanso discográfico que duró más de una década entre mediados de los 90 y comienzos de este siglo. De cualquiera de las maneras aquí la tenemos de vuelta con estas doce nuevas canciones que no tienen ningún desperdicio.

Kim Wilde se mueve en este disco por un terreno similar a lo que puede venir haciendo Bon Jovi en las dos últimas décadas, ese pop con cierta arista guitarrera solo capaz de convencer de que se vistan de cuero a aquellos y aquellas despistados que creen que Rock FM es el santuario del verdadero rock. Y por favor, entiéndase esta afirmación como lo que de verdad quiere decir; solo digo que, de tener que poner una etiqueta a ambos artistas, compartirían la misma. Personalmente el tono general del álbum me recuerda a las producciones de Robert ‘Mutt’ Lange… pero no a las que hizo para AC/DC desde luego. Ni siquiera las que hizo para Def Leppard, sino a los trabajos que perpetró junto a su ex mujer Shania Twain.

¿Quiere decir esto que “Here Come the Aliens” es un mal disco? Pues en realidad para nada, porque resulta que a base de reciclar tendencias ochenteras y darles un liviano barniz de rock ligero, Kim y Ricky consiguen un álbum de canciones pop redondas que conserva más que dignamente la pegada a lo largo de todo el minutaje. Los orígenes de Wilde se muestran muy presentes durante casi todo el disco, con guiños constantes a hits y sonidos de aquellos horteras ochenta, pero con una producción totalmente contemporánea que incluso en algún momento le puede acercar a cosas como Garbage -salvando muy mucho las distancias, obviamente-. Así, abundan los singles perfectos de pegadizos y coreables estribillos de puro pop revientalistas, como el irresistible “Kandy Krush”. Pero si uno escucha atentamente se da cuenta de que “Rock the Paradiso” no es solamente una oda a la mítica sala de conciertos de Amsterdam, sino también un homenaje al rock (juraría incluso que el inicio recuerda horrores a la etapa gótica de The Cult). El resto del álbum bascula entre lo mostrado en esos dos temas citados.

Un disco totalmente mainstream, pero… ¡hey! ¡Nadie dijo que componer un buen estribillo o un tema comercial fuera fácil, porque si no todo el mundo lo haría! Salvo tal vez gente como Radiohead, claro. Para orejas totalmente desprejuiciadas.

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