Gyoza – «Gyoza» (RadiX 2017)

Muchos de los que nos dedicamos a esto de juntar letras en clave musical somos muy aficionados a etiquetar todo. Y esta afición a abusar de categorías estilísticas suele dar lugar con cierta frecuencia a la creación automática de nuevos estilos que, muchas veces, solo existen sobre el papel del que idea la nueva etiqueta, sobre todo si hacemos caso a esa máxima que dice que en la música todo está ya inventado.

Por ello me suelo resistir a poner nombres y apellidos a los estilos con los que me suelo encontrar en mi labor. Por un lado me parece una simplificación bastante burda en muchos casos; por otro, no sería extraño que esas definiciones despistasen al posible oyente. La prudencia es la madre de la ciencia, pero igual que yo en esta crítica no estoy consiguiendo huir del empleo de frases hechas, en ocasiones también resulta complicado no hacer alusión a estilos concretos cuando se trata de transmitir al lector de qué trata el contenido de cierto disco.

Si digo todo esto es porque cuando tú, querido lector, finalices la lectura de esta humilde reseña, habrás acabado observando al menos una etiqueta estilísitica y alguna referencia a algún grupo.

Pero hablemos de Gyoza, que es a lo que habíamos venido. Se trata de una joven banda nacida en Barcelona a finales de 2014. En 2015 lanzarían su primer EP, al que seguiría este largo en noviembre del 2017, con un single también editado en verano del año pasado. En su corta trayectoria ya han logrado abrir para los clásicos norteamericanos Fu Manchu.

En las diez canciones que componen este debut largo, se puede otear que Gyoza son hijos de estilos surgidos en los años 90 como el grunge y el stoner principalmente. Estamos pues ante un disco de un rock rabioso dotado de cierta oscuridad, ejecutado con precisión y en el que en diversos momentos planea la sombra de Josh Homme (más por su labor al frente de Queens of the Stone Age que por sus tiempos como guitarrista de Kyuss). Efectivamente, a Gyoza les cuesta ocultar su principal referencia, aunque afortunadamente estos 35 minutos y pico de música no se convierten en una mera emulación.

Tal vez les falte desmarcarse con un sonido más personal, pero el esfuerzo aquí plasmado alcanza unas cotas de lo más resultonas.

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