OMD + Marta Hammond – Madrid (La Riviera 15-2-2018)

Orquestral Manoeuvres in the Dark. Sobreviviendo al bombardeo

La sombra de la duda siempre asalta cuando las viejas glorias retoman en la madurez su actividad tras un período de latencia o letargo musical. Sin embargo, Orquestral Manoeuvres in the Dark, también conocidos por su propio acrónimo, OMD, desde el momento que anunciaron su vuelta, se las han ido apañando para facturar unos álbumes que, sin llegar a las cotas que alcanzaron en su época dorada cuando sobrevolaban a la mayoría de sus coetáneos de la new wave y el techno-synth pop, siempre han guardado algún que otro hit memorable entre sus surcos y un nivel medio bastante aceptable en cada trabajo publicado en su ya longeva existencia.

La cita que los traía por la piel de toro, la cual hacía tiempo que no pisaban, semejaba un buen momento para certificar la segunda juventud en la que parecen vivir, o, por el contrario, el formar parte de la página de intentos fallidos de resurrección, tan poblada en los últimos tiempos.

Para abrir la noche, se presentaba ante nosotros Marta Hammond, sola ante unos teclados, mesas de efectos y secuenciadores, a los que exprimió todo el jugo posible en la aproximadamente media hora que duró su show. Para los duchos en la materia, tras ella se esconde la teclista de uno de los grupos mas significativos del rock underground patrio, los incombustibles Sex Museum, aunque en esta encarnación, Marta ha optado por ofrecernos una propuesta en la que se mezclan a partes casi iguales el ambient, el house, la psicodelia y el baile. Cosechó una buena acogida ante el público que iba llenando con cuentagotas La Riviera, y a buen seguro que más de uno repetirá la experiencia.

Una larga espera, sobre todo teniendo en cuenta la espartana presencia encima de las tablas, donde solamente el teclado de Paul Humpreys y un pie de micro para que Andy McCluskey se dejara bañar por el efectista aunque sobrio juego de luces que dio lustre a la actuación de los de la pérfida albión, hizo que el público reclamara en varias ocasiones la salida del dúo que protagonizaba la velada.

Una sala a reventar, ansiosa por revivir épocas pretéritas y volver a saltar y brincar como en la adolescencia, esperó estoicamente a que OMD subieran a las tablas. Cuando lo hicieron, durante la intro que abría la velada, les recibieron con una sonora ovación que dejó sorprendidos y halagados al dúo.

A poco de comenzar, McCluskey, que salvo por los evidentes signos del paso del tiempo en su rostro, se mostró suelto, seguro y muy en forma, anunciaba al colgarse su sempiterno bajo, que iban a tocar canciones nuevas, viejas y que sobre todo, iba a ser una velada para el baile. Conocedores de sus armas, intercalaron con sabiduría sus temas más representativos, tanto de su más reciente etapa como de su época clásica, plagada de canciones que forman parte ya del imaginario de la música popular moderna.

No es extraño que el primer momento álgido de la noche se alcanzara cuando atacaron “Souvenir”, en el que el público casi entró en trance, alcanzando de nuevo este estado más adelante cuando los acordes de “Maid Of Orleans”, con esa intro con ruidos casi extraterrestres, comenzó a llenar los rincones de la sala, ante la alegría los entregados asistentes.

La voz de McCluskey suena prácticamente igual que treinta años atrás, sonó fresca, potente y sin fisuras, con lo cual, aunque quizás la sensación de que la mayor parte de los temas se hallaban enlatados fuera evidente, apenas importaba cuando el resultado final transportaba a los allí congregados al universo que los de Merseyside comenzaron a tejer en los ochenta. Al fin y al cabo nos encontrábamos en un concierto de techno-synth pop, con lo cual tampoco podíamos esperar a la filarmónica de Londres.

Sea como fuere, desfilaron ante nuestros ojos y oídos un listado de temas nada despreciable, y ,jugando sus bazas, remachados de cuando en vez con alguno de estos clásicos atemporales que OMD ha facturado a lo largo de su carrera. Para muestra, el momento generalizado de baile que causó “Locomotion”, o la practica implosión que causó “Enola Gay”, quizás su tema más reconocible, incluso por los que desconocen quiénes son OMD.

Tras él, con un público que tarareó durante largo tiempo la línea de la melodía mientras McCluskey y Humpreys, sobre el escenario, no daban crédito a la entrega del respetable, parecían reacios a abandonar las tablas queriendo disfrutar por más tiempo de ese momento en el que se sentían el centro del universo.

Finalmente consiguieron escabullirse tras el telón, el cual cerraron durante unos instantes, volviendo altamente motivados para la traca final, con “Pandora´s Box”, la delicadamente fresca “Secret”, y el broche final, que corrió a cargo de una de sus primeras gemas, “Electricity”, cerrando el círculo en una noche para el recuerdo, y que nos deja la impresión de que estos sempiternos OMD tienen aún cuerda para rato.

Marta Hammond
Marta Hammond
Marta Hammond
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OMD
OMD
OMD
OMD
OMD
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