Last Great Dreamers – Zaragoza (Sala Creedence 15-2-2018)

Last Great Dreamers – Zaragoza (Sala Creedence 15-2-2018)
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Ya sabemos que el rock está plagado de ejemplos de bandas con la suficiente calidad para triunfar que, por las razones que fueren, se vieron condenadas a una carrera de indiferencia, desánimo, separación y finalmente olvido salvo para algunos fans. Last Great Dreamers encajan perfectamente en esa horma, incluso por el detalle de descubrir un buen día, bastantes años después de haber arrojado la toalla, que todavía había gente que se acordaba de ellos y que añoraban sus canciones.

De hecho, la historia de Last Great Dreamers es prototípica: su único disco, “Retrosexual”, había sido recibido con grandes elogios por la prensa, algo que no parece que se tradujera en repercusión popular; la banda también atravesó problemas con su sello, quedando inédito hasta años después el material que debía convertirse en la continuación de su debut; incluso acabarían descubriendo su estatus de banda de culto gracias a ese invento llamado internet.

Unos pocos años después de su regreso, con el añadido de algún disco nuevo en las alforjas -y otro a punto de editarse, por cierto; su título es “13th Floor Renegades” y se espera para este próximo 13 de abril- y también algunas arrugas más decorando sus rostros. Last Great Dreamers nos visita en la que -no es ninguna sorpresa-, es su primera gira por nuestro país. La de Zaragoza de este jueves era la segunda de las fechas de las diez que tienen programadas en total.

Con diez minutos de retraso sobre el horario anunciado (pequeñeces para lo que estamos acostumbrados en la ciudad del cierzo), la banda tomaba posiciones sobre el escenario de la sala Creedence ante un público no muy numeroso, pero que al menos sí fue bastante participativo. Tras las últimas afinaciones de rigor, el cuarteto arrancó con “Oblivion Kids”, tema de su último disco “Transmission From Oblivion” y single del mismo. Sería esta obra la columna vertebral del show, sonando en el transcurso de la descarga entre otras canciones como “Dope School”, una “White Light (Black Heart)” donde Marc Valentine pidió al público que cantara el estribillo (adivinad quién acabó con el micro plantado delante de su jeta), “Werewolves”, o ya en los bises “Tommy’s Tears”.

Con un sonido sucio que le va que ni al pelo a sus canciones, la banda es consciente de la segunda oportunidad que les ha dado la vida y disfrutan cada minuto del show. Nadie puede negar la entrega de un grupo que parece una versión inglesa de unos D Generation, solo que allí donde los neoyorquinos bebían del punk, nuestros protagonistas de hoy lo hacen del glam británico o de los Faces, con unas gotitas de power pop que añadir a la mezcla. Se les ve felices, comunicativos y con ganas de pasárselo bien y hacérnoslo pasar a nosotros. Y bien que lo consiguen a pesar del handicap del idioma o del desconocimiento que el 99% del público tenía de su repertorio. En lo que parecía un santiamén (y juraría que saltándose uno de los temas que figuraban en el set list), los cuatro músicos se retirarían del escenario para volver casi inmediatamente en lo que dijeron que sería una canción más, pero que finalmente fueron dos. Había sido prácticamente una hora y diez minutos de rock sucio y melodía a partes iguales que desde aquí os conmino a ir a ver en las fechas que les restan en esta gira.

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