Metallica vs Metallica

Ahora que se cumplen dos años sin el duque blanco, sin el camaleón en el planeta, que se han ido yendo varios pilares de lo que se ha venido a llamar música popular, aunque en bastantes ocasiones no sea tan popular como se pretende, ahora que comienza un nuevo año, quizás sea sorprendente que muchos de los grandes eventos que marcarán lo musical en estos aun en pañales trescientos sesenta y cinco días sean lo que muchos llaman cuasi despectivamente dinosaurios del rock y otras hierbas.

Tendremos la oportunidad, si la agenda y el bolsillo nos lo permiten, de ver sobre las tablas a un buen puñado de tótems que han cambiado para siempre, para bien o para mal según sea el que lo analice, la historia de la anteriormente citada música popular

Ciertamente, uno de los mayores logros en esos limbos legendarios es la propia supervivencia, el saber cómo lidiar con los hados del destino y manejarlos a su antojo para conseguir la longevidad perpetua dentro de la escena. Ni siquiera los dinosaurios lo consiguieron. Sobre todo teniendo en cuenta que para los reptiles al parecer su finiquito llegó por causas externas, y cuando hablamos de las estrellas del rock, el meteorito parece residir dentro de ellos mismos.

Después de varios meteoritos, los cuatro de San Francisco, los cuatro jinetes, uno de los cuatro del Big Four, quizás se han hastiado de tanto cuatro en su vida, y se han dedicado a reinventarse, o simplemente a hacer lo que les viene en gana desde la ya lejana publicación de su álbum negro, homónimo, que significó para muchos una alta traición a sus propias ideas musicales y que tanto revuelo y ríos de tinta provocó en las redacciones de la prensa musical cuando la prensa musical usaba tinta.

Tras muchas idas y vueltas, alguna que otra deserción casi obligada (ríanse del mobbing), y algún que otro corte de pelo (obviaremos otras cosas relacionadas con sustancias y egos en mayor o menor proporción en la mezcla final), ahí siguen, sacando álbumes y  llenando estadios y pabellones allá por donde su maquinaria pasa.

La legión de seguidores que arrastra una banda de estas características es ingente, capaz de planear su vida a un año vista con tal de asistir a una de esas liturgias, de comprar y agotar las entradas de sus conciertos en minutos desde su puesta a la venta.

La controversia también ayuda. Conocida es la máxima de que lo importante es que hablen de uno, aunque sea mal. Mantenerse en la cresta de la ola es difícil, y aunque no lo parezca, son también humanos con sus dudas existenciales y sus miserias, que alguna vez nos han incluso enseñado desde dentro en algún que otro laureado documental, amén de que algún que otro componente de la banda, de pasado tenístico, padezca verborrea compulsiva, con los consabidos y más o menos frecuentes patinazos neuronales que esto suele acarrear.

Sea como fuere, asistir a uno de sus eventos es algo digno de vivir al menos una vez en la vida.

Aún resuenan en mis oídos y vibra en mi retina el recuerdo de la lluviosa noche en la que en un abarrotadísimo campo de un barrio de la capital del reino presentaban el tan cacareado álbum sin título, curiosamente con su actual bajista ejerciendo de telonero con su entonces banda, ofreciendo una lección magistral de lo que debe de ser una banda legendaria sobre las tablas, y de paso tapando unas cuantas bocas de aquellos que los acusaban de haber perdido el norte.

Luego vinieron otras ocasiones, como la de aquel estadio que quiso ser olímpico, también en el foro, conocido popularmente como ese adminículo utilizado por las féminas para sostener sus moños flamencos, y aún otra, más recientemente, en el recinto de una base militar.

Curiosos lugares siempre los que han elegido los de Frisco para dejarse ver por la piel de toro. Todas ellas, por supuesto, dignas de elogio, aunque sin alcanzar aquella legendaria del valle del kas.

Dentro de poco tendremos la ocasión, por triplicado, de volver a tener al alcance de la mano, solo para los que consiguieron una de las volátiles entradas, unas horas de liturgia musical de manos de uno de los pocos exponentes de esa especie en extinción, las estrellas del rock, capaces de llenar todo aquel recinto por donde quiera que pasen simplemente con su nombre.

Y no, no estamos hablando de David Guetta ni de Il Divo.

Metallica actúa en Madrid y Barcelona el próximo febrero con las entradas agotadas:

3 y 5 de Febrero – Madrid, WiZink Center
7 de Febrero – Barcelona, Palau Sant Jordi

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