Aniversario de la muerte de Lemmy Kilmister (Motörhead)

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El 28 de diciembre de 2015, día de los inocentes, casi como una cruel broma del destino, el corazón de Ian Fraser «Lemmy» Kilmister dejó de latir. Los últimos tiempos no habían sido muy agradables para los fans de Motörhead, con constantes rumores acerca de sus problemas de salud y unas fotografías donde se veía al bajista claramente desmejorado.

Irónico que alguien como él, que todos creíamos que era un ser inmortal, nos dejase así y no de repente, como todo el mundo habría deseado, con las botas puestas como suele decirse. Y a los cuatro días de haber cumplido su 70 cumpleaños además.

Reconocido fanático de The Beatles y de la parafernalia bélica de las Guerras Mundiales que asolaron el continente europeo en el siglo XX, su estampa es una de las más icónicas de la historia del rock. Y su figura merecedora de un documental («Lemmy: 49% Motherfucker. 51% Son of a Bitch») que reavivó a comienzos de esta década el interés en el personaje y le dio a conocer a toda una nueva generación de fans de todo el mundo.

Aunque británico de nacimiento, el segundo matrimonio de su madre le llevó a Gales; fue allí, durante sus años colegiales, donde surgió el apodo de «Lemmy» al parecer por su afición a pedir dinero prestado («Lemmy a quid till friday»). Sea cierta esta historia o no, en realidad poco importa, porque es el nombre con el que ha pasado a la historia del rock uno de los mayores practicantes de su poco recomendable estilo de vida.

Como músico, Lemmy comenzó su carrera en los 60 pasando por varias bandas, la más conocida de ellas Sam Gopal. No sería sin embargo hasta que se uniera a Hawkwind en 1971 cuando su carrera daría un vuelco. Su voz es la que se escucha en el clásico «Silver Machine». A mediados de esa misma década formaría su propio grupo, Motörhead, que tomarían su nombre de una de las canciones que había compuesto para Hawkwind y cuyo significado se refiere a cierta sustancia estimulante (y de la que también fue camello durante una temporada).

A partir de ahí y como suele decirse, el resto es historia. Discos inmortales como «Bomber», «Overkill», «Iron Fist» o el archiconocido «Ace of Spades», una carrera de varias décadas al frente de un grupo que es básico para entender varios estilos del rock, millones de fans en todo el mundo -entre ellos gente como Dave Grohl o los miembros de Metallica-, una autobiografía que es de los mejores libros de rock que existen («White Line Fever») y, en definitiva, un legado musical que sobrevivirá generaciones. Nos quedaremos con su lema: «Born to lose, live to win».

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