Graveyard + Downtown Losers – Madrid (Sala But 2-11-2017)

Graveyard + Downtown Losers – Madrid (Sala But 2-11-2017)
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Hace cosa de un año y medio nos quedamos con la miel en los labios, pues nuestros
queridos Graveyard, que venían a presentar su excelente trabajo “Innocence & decadence”, suspendieron su concierto madrileño por motivos que su bajista, Truls Mörck, nos explicó recientemente en una entrevista. Posteriormente pudimos disfrutarlos, unos en el Azkena, otros en el Xixón Sound; sin embargo, y por muy bien que se lo pueda pasar uno en festivales, es en una sala donde el regocijo se magnifica y la comunión entre banda y respetable es más sincera y profunda. Así pues, la noche del viernes se encontraba
marcada en rojo para este medio desde el mismo día de su anuncio.

Antes de que los suecos subieran al escenario, Downtown Losers fueron los encargados de ir caldeando una sala que todavía estaba llenándose y con los asistentes más ocupados en otros asuntos. Practicando un sonido que ellos definieron como “un blues espacial pasado de vueltas” intentaron despertar el interés del público en base a unos riffs pesados y saturados que quizás estén algo sobreexplotados a estas alturas. Más cerca de The Black Keys que de otras influencias a las que aspiran, como la del bluesman al que versionan, Magic Sam, presentaron temas de su debut “One-horse town apocalypse”. Las ganas que le echaron y una batería rompedora y básica lograron saldar la actuación con un aprobado. Estos barceloneses afincados en Madrid todavía tienen margen de mejora, así que podemos esperar cosas buenas de ellos en el futuro.

Pasadas la nueve y media, Graveyard aparecía en el escenario, arrancando suave con
“Slow Motion Countdown” para progresivamente ir elevando la temperatura con temas como el ya clásico “An Industry of Murder” o la soberbia “The Apple and the Tree”. Y así fue
transcurriendo el show, alternando momentos más íntimos con otros más aguerridos, donde “Uncomfortably Numb” (su particular “Free Bird” según algunos) fue una de las canciones más aplaudidas de la noche, “Evil Ways” la única concesión a su notable debut y “Ain’t Fit to Live Here” otro ejemplo de cómo hacer rocanrol en el siglo veintiuno sin caer en el plagio.

Con un sonido magnífico, un dominio del estéreo apabullante, una base rítmica sólida y
rocosa en la que el nuevo batería Oskar Bergenheim ya encaja a la perfección y una
selección de canciones fantástica, la hora y cuarto de concierto se nos antojó algo rácana.
Quizás tuviera algo que ver los problemas de voz de Joakim Nilsson, que algunos ya
detectamos, con una significativa menor gravedad, en el Azkena. Para el que escribe estas
líneas poco importa que Joakim no alcanzara alguna de las notas que sí logra en estudio, o
que en temas como “Goliath” pareciese algo despistado; el arrojo con el que afrontó un
concierto que a buen seguro le resultó difícil fue sobresaliente, el hecho de que estos
presuntos problemas le otorgaran nuevos matices vocales o el sobrecogedor clímax de “The
Siren” que consiguió que se nos pusieran los pelos de punta con un derroche de voz que
hubiera parecido imposible unos instantes antes, suplieron con creces cualquier tipo de
“pero” que se le pudiese haber puesto.

Graveyard son, sin duda alguna, todo un referente. Noches como la del viernes lo
confirman. Pocos a día de hoy practican con semejante maestría esa equilibrada mezcla de
hard rock con fuerte basamento blues. Solo hay que ver el revuelo que provocó su, por
fortuna, corta despedida para comprender el calado de los suecos en la escena rocanrolera.
Ahora, a esperar que vuelvan al estudio, que posteriormente vuelvan a los escenarios y así,
todo siga girando.

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